Alejandro de Humboldt, 250 años después

El 14 de septiembre de 1769 nació en Berlín, Alejandro de Humboldt. Hijo de matrimonio pudiente relacionado con la aristocracia política de Prusia y segundo vástago de la familia. Polifacético naturalista y aventurero, pionero de la literatura de viajes y del turismo. Después de una intensa vida activa falleció el 6 de mayo de 1859, también en Berlín siendo enterrado en el castillo familiar de Tegel. Fue un peregrino y un visionario de la naturaleza, por Europa, Canarias, las Américas y Asia.

Después de analizar la geografía vital del personaje entendemos que la 1ª etapa de su vida se desarrolló durante 30 años (1769-1799). Estudió en Alemania los cursos primarios y los universitarios, la geología y minería, escribiendo un libro sobre Botánica. Visitó Holanda, Bélgica, Inglaterra y Francia. Percibió el legado de la Revolución Industrial en 1788 y las ideas de la  Revolución  Francesa de 1789. Fue coetáneo del poliédrico emperador francés Napoleón Bonaparte. La 2ª etapa abarcó 5 años (1799-1804) y es cuando visitó Canarias acompañado del botánico y médico francés, Bonpland, al que se le unió en América el ecuatoriano Carlos Montúfar. Conoció en USA al presidente Jefferson antes de regresar a Europa. Entre 1804 y 1829, 25 años de duración, enmarcamos la tercera etapa de Humboldt. Apostó por su estancia en Europa, principalmente en París y se dedicó a escribir libros derivados de su “Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente”, como “Ensayos políticos sobre México y sobre Cuba” y “Cuadros de la Naturaleza”, entre otros. Conoció a Simón Bolívar en París y le insufló los aires de la independencia americana; viajó por Rusia hasta China pasando por Mongolia. Fue una expedición relacionado con una trabajo de mineralogía por encargo del Zar ruso, Nicolás I. Cierra su vida la cuarta etapa, de 30 años de duración (1829-1859) en la que escribió su obra vital Cosmos que explicó en foros prusianos. El norteamericano Freemont, la esclavitud y el servicio ante el rey de Prusia ocuparon parte de esta etapa en Berlín.

Alejandro de Humboldt no tuvo descendencia pero dejó un gran legado: El vulcanismo al observar los volcanes del Teide al Chimborazo, el paisaje y la geobotánica al  contemplar los pisos de vegetación en el valle de La Orotava, la defensa de los derechos humanos de los esclavos y la libertad de los pueblos de América. Fue un enamorado de las mediciones topográficas, montañas y valles, y de las observaciones meteorológicas. Fijó la cota de la panza de burro en el valle de La Orotava (1131 metros) cuando subió al Teide en la isla de Tenerife, en 1799. También midió el Pico del volcán, la humedad, la presión, las temperaturas, etc. y observó los cielos de la isla. Era un admirador del Arte de la Naturaleza que percibió principalmente en sus expediciones a las regiones equinocciales del Nuevo Continente y consiguió que años más tarde, pintores como Bellerman y Rugendas, entre otros, plasmasen la naturaleza que había disfrutado. Dejó destacados epónimos por el mundo, un auténtico paisaje humboldtiano. En América: el Pico Humboldt en Venezuela, la corriente fría de Humboldt en Perú, el río Humboldt en Nevada (USA), algunas calles, plantas y un pingüino en las costas del Pacífico; en Europa, la universidad Humboldt de Berlín junto a su hermano Guillermo; en Asia, una montaña en China, y en Canarias, una clase de vulcanismo y otra de geobotánica, un mirador  y una urbanización en La Orotava y un busto en el Jardín del Sitio Litre, del Puerto de la Cruz. ¡Gracias maestro, por enseñarnos a ver la Naturaleza de manera holística!

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