¡Chano! El de la Cruz Roja…

La noticia de su fallecimiento circuló a alta velocidad en la noche del domingo. El Puerto de la Cruz se quedó sin uno de sus puntales. Gumersindo González González, popularmente conocido por Chano, un cruzrojista de convicción hasta que tuvo fuerzas, decía adiós calladamente, sin molestar, como se pasó los últimos años de su vida en los bancos exteriores del cementerio católico de San Carlos, donde saludaba a todo el mundo, donde era correspondido a todas sus atenciones, las que desplegó en vida granjeándose el respeto y el aprecio de sus semejantes.

Nacido un 31 de enero de 1931, buena parte de esa vida (más de sesenta años) la desarrolló en el inmueble de la calle Agustín de Bethencourt que alberga la sede de la asamblea local de la Cruz Roja. Ya fuera uniformado o no, siempre estuvo atento y servicial para cumplir con su deber. Durante muchos años -así consta en su hoja- fue el miembro de Cruz Roja con mayor número de servicios. Y es que Chano atendía a enfermos, dándoles ánimos, se personaba en accidentes, incendios, auxiliaba a ancianos con dificultades de movilidad y a personas con diversidad funcional, buscaba conductores para las ambulancias, recomendaba a policías locales o nacionales el tratamiento que debían seguir, estaba presto y vigilante en espectáculos deportivos o números de fiestas… Y hasta en la popular lotería doméstica (un anticipo del juego de bingo) que los domingos y festivos se jugaba en el amplio salón/bar de la sede, donde se hizo célebre una frase que hacía reír a Chano:

-¡Abajen la voz los del bar!

Todo eso, con discreción, sin postureos y sin oropeles forzados. Porque allí, en la Cruz Roja, convivían los entusiastas de la solidaridad, los altruistas de pura cepa, entre los que hay que consignar a este hombre apreciado por todos, al que gustaba una broma, un bacilón, pero que cuando estaba en el ejercicio de sus funciones rezumaba seriedad. Aún se recuerda cuando sonaba el timbre del teléfono y era el primero que acudía a descolgarlo.

Sus cualidades se resumen en ser útil a los demás. Siempre predispuesto para ayudar y apoyar, siempre discreto con lo que acontecía a su alrededor, nunca una palabra de más ni una actitud de rechazo o reprobación.

Todo eso le valió un reconocimiento público. En el mandato 2003-07, siendo alcalde Marcos Brito Gutiérrez, éste elevó al pleno una moción para que le fuera concedida una distinción. El pleno del Ayuntamiento, por unanimidad, aprobó el 20 de diciembre de 2004 que recibiera la Medalla de plata de la ciudad. Unos meses después, en 20 de abril de 2005, en el salón noble de las casas consistoriales tuvo lugar, entre lágrimas y expresiones cargadas de emotividad, el acto de entrega. Fue una prueba de afecto como muy pocas se han vivido en la localidad portuense. Y es que Chano pasó por la vida portuense y por la institución a la que vio crecer haciendo el bien.

Hoy recibirá cristiana sepultura. Ley de vida, que se dice. Pero los portuenses seguiremos recordando siempre que esa vida estuvo llena de compromiso, solidaridad y actitud servicial.

¡Chano! El de la Cruz Roja…

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