15 julio, 2020

Crónica de una profunda impotencia

Desde el pasado año 2019, que comenzaron las obras de rehabilitación del Hotel Dania Park (ocupa la fachada principal hacia la calle Cupido, lateral calle El Peñón, y trasera calle Doctor Ingram) en el Puerto de la Cruz-, la vida en nuestra casa –la casa de mi madre en Doctor Ingram 27- se ha convertido en un infierno; una auténtica pesadilla. El hotel “nos asfixia” por todos los frentes. Cuando empezaron a actuar por la trasera del hotel que da al patio de nuestra casa y dado que en ningún momento han dispuesto de ningún sistema de seguridad [foto 1], reiteradamente han venido cayendo en nuestro patio o en nuestro tejado, todo tipo de objetos: planchas de metal [foto 2], trozos de tuberías de hierro [foto 3], tachas, piedras, cemento que además caía sobre la ropa tendida, las plantas ….

Foto 1. En la fotografía se aprecia, el “sistema de seguridad” que pusieron en el último piso. Unas tablas, para agarrar con vergas unos plásticos que con el viento se cayeron.
Foto 2. Lámina de metal caída en nuestro patio el 16-julio-2019.
Foto 3. Trozo de tubería de hierro. Caída el 18 de julio de 2019.

Las piedras caídas en nuestro tejado, rompieron varias tejas y ensuciaron las canales o bajantes de agua, por lo que hemos tenido que arreglarlo por nuestra cuenta, ya que cuando llovió antes de finales de año, el agua comenzó a entrar dentro de la casa, en una de las habitaciones, escurriendo por las paredes y el techo que-por cierto- hacía muy poco que habíamos puesto nuevo [fotos 4 a 7] Por supuesto todo el mobiliario de aquellas habitaciones del hotel que dan a nuestro patio y trasera de nuestra casa, incluyendo bañeras, lavabos, sanitarios, etc. etc., lo tiraban desde los balcones, que al estrellarse contra el suelo hacía que partes de ellos, volaran hacia nuestro patio y tejado. El estruendo es imposible describirlo, pero pueden imaginarlo.

Foto 6. Cemento y piedras por la canal de nuestro tejado. Tejas rotas y piedras.
Foto 7. Partes del tejado que por nuestra cuenta hemos tenido que arreglar, pues al romper las piedras las tejas, cuando llovió, el agua se coló por una de las habitaciones cuyo techo habíamos colocado nuevo, hacía pocos meses.

En esos primeros meses, y en numerosas ocasiones hemos tenido que llamar a la policía municipal, para que comprobara in situ, todos los objetos que estaban cayendo en nuestro patio; algo tan sencillo como es tender la ropa, se convertía para nosotras en un tremendo peligro, no nos cayera algo en la cabeza. De hecho, cuando por nuestra cuenta, contratamos a unos obreros para que nos limpiaran el tejado (tenemos que hacerlo con relativa frecuencia, para que revisen y limpien el tejado continuamente por miedo a que haya algo roto), y repusieran todas las tejas rotas, comprobaron cómo les caían a ellos piedras de la obra, peligrando su integridad en un momento dado.

Las veces que la policía municipal ha venido, requerida por nosotras, han fotografiado todo e incluso en una ocasión hablaron con el dueño del inmueble para que, por favor, dispusiera de una malla o algo por el estilo, que impidiese que todos esos objetos nos cayeran encima de nuestra casa. Lo que pusieron fue UNA AUTÉNTICA TOMADURA DE PELO Y UNA BURLA. Colocaron un trozo de malla agarrada con unas tablas mal puestas y sostenidas por un par de tachas y unas vergas [fotos 8 a 10]. Con la primera brisa, no era necesario un viento huracanado, se soltaron y estuvieron a punto de caer en nuestro patio. Se terminaron rompiendo y ni siquiera las volvieron a colocar (adjuntamos fotos y vídeo). Hemos denunciado todo esto en la policía local. También presentamos escritos en el Ayuntamiento, hemos hablado con el concejal de urbanismo, entregándole las fotografías y los daños que hemos tenido en la casa. Pero no se ha hecho nada. Incluso solicitamos una inspección de trabajo, ya que los obreros estaban y están trabajando sin ningún tipo de seguridad; por no llevar, ¡ni casco llevan en la cabeza!

Foto 8. Trabajador de la obra del hotel, sin ningún sistema de seguridad, colocando la “PROTECCIÓN” que pusieron hacia nuestro patio.


Para nuestra desgracia, a partir de comienzos de este año 2020, la pesadilla ha continuado por la zona que da a la calle Doctor Ingram, que es hacia donde da la fachada de nuestra casa. Que, para nuestra desgracia, insisto, está pared con pared con la del Hotel. Han comenzado a usar “creo que martillos” como grandes taladros –no sé cómo se llaman-, y mazos para tirar paredes –insisto, pared con pared con nuestra casa-. Cómo serían esos estampidos, que los cuadros o las figuras colgadas en la pared de nuestra antesala se cayeron al suelo, rompiéndose alguna figura (se adjunta fotografía). Obviamente fuimos a hablar con el dueño, una vez más, que le pidió a los obreros que no fueran tan “contundentes con los golpes. Las vibraciones han hecho que aparezcan grietas, tanto por la zona de la escalera como en la antesala, por donde se cuela el agua –de hecho, la pared está húmeda-, a poco que llueva un poco (esa zona, incluyendo el techo, lo habíamos arreglado hacía poco tiempo).

Objetos caídos en el suele por los vibraciones de los estampidos en la pared.

Por la zona que da hacia la calle Doctor Ingram, han puesto una supuesta protección, que ocupa toda la fachada, pero que la han sostenido de la misma forma precaria; tablas mal puestas, agarradas con trozos de madera, tachas y vergas. Con la brisa se han soltado. Así que el pasado 18 de junio (adjunto fotografías) gran parte de esa “protección” se soltó, llevando suelta varios días, y amenazando, teniendo en cuenta que había un poco de viento, con caerse a la calle o, en el peor de los casos sobre el tejado de nuestra casa. Además, habían caído a la calle trozos de madera con tachas; un peligro para cualquier viandante. Algunos de esos trozos de madera con tachas cayeron a la entrada de la zapatería Dania, al lado de nuestra casa. Volvimos a llamar a la policía municipal que vino y comprobó in situ el estado de la “supuesta protección”, vio los trozos de madera con tachas en la calle y estuvo, incluso recogiendo tachas de la acera que estaban cayendo de la obra –la policía municipal lo fotografió todo-. Hablaron con el dueño que alega que no le permiten poner un andamio –sospechamos que lo que ocurre es que no quiere pagar por la ocupación de la vía pública, que es diferente. La policía nos dijo que iban a llamar a Urbanismo al Ayuntamiento.

Tablas con tachas, caídas a la calle Doctor Ingram, frente al Hotel Marte. Foto sacada el 18 de junio de 2020.

Y así seguimos. El ruido de los martillos, o como se llamen, y los estampidos y porrazos en los muros me impiden trabajar. Soy profesora, y la pandemia nos ha obligado a trabajar en casa, lo que para mí se ha convertido en un suplicio. El ruido me impide poder hacerlo; no puedo concentrarme, y cuando conecto con mis alumnos no consigo ni oírlos, ¡ni que me oigan! Lo mismo ocurre cuando tengo reuniones on line, etc. ¡El nivel del ruido supera lo permitido! Y así desde las 8 de la mañana que comienzan hasta las 6 de la tarde que se marchan.

Nos consta que los comerciantes, de toda la zona, están indignados desde el primer momento. Han presentado varias denuncias en el Ayuntamiento, e incluso se han llegado a reunir con el concejal de urbanismo, un par de veces. Las obras les han causado daños a muchos de ellos, incluyendo la Farmacia Dania, que se encuentra en la calle de El Peñón.

Hace unos días pudimos incluso comprobar como un obrero estaba pintando, sin ningún tipo de arnés, ni casco ni nada que lo asegurara o protegiera, trepado en el borde de una ventana de un 5º piso, agarrándose con una mano al hueco de la misma, mientras que con la otra sostenía un palo con una brocha. ¡De locos!

¡Y esto es lo que hay!. Habrá que esperar a que ocurra una desgracia o que se nos caiga la casa encima para que se actúe correctamente.

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