28 septiembre, 2022

Día 14 de la Alarma

Mañana radiante. Pero ya no se distingue un sábado de los demás días de la semana. Son todos igual de vacíos, de preocupación, de miradas proyectadas sobre un paisaje urbano monótono. Paisaje de postales antiguas, que diría Manolo Torres. El paso de los dueños y sus perros atados es lo único que anima y altera. La proximidad de las palomas invita a un juego breve.

Los medios se hacen eco del fiasco de la cumbre europea. Hasta la impactante foto del papa Francisco, impartiendo la bendición para todas las ciudades y para todo el mundo, vacía la plaza de San Pedro, en el Vaticano, hace presagiar lo peor para la suerte de la Unión Europea. Nunca antes se mostró tan débil, tan incapaz de alcanzar un acuerdo para solventar una situación con arreglo a la filosofía con que fue concebida. Aprietan al máximo Alemania y Holanda para que Italia y España utilicen el fondo de rescate. La voz del primer ministro de Portugal, Antonio Costa, refiriéndose a la postura neerlandesa, que incide en la necesidad de investigar a España, retumba: “Es repugnante”. Cosido con alfileres, el europeísmo está herido de gravedad. “Si ahora no, cuándo”, se pregunta el editorial de El País.

Ligero alivio en el número de personas que han salido de la enfermedad. Pero las cifras de contagios y fallecidos son apabullantes. Y también las de sanitarios en nuestro país que han dado positivo, cerca de nueve mil quinientos.

A última hora de la tarde, comparecencia televisada del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Con temple, sigue dando la cara. Es su deber, desde luego. Avisa que el periodismo es un servicio esencial. Sabe que cualquier anuncio encontrará rechazos pero en nuestra opinión sigue creciendo su estatura política en medio de la desoladora situación y de una de las más graves crisis a la que se haya enfrentado presidente alguno de la democracia, recuperada en 1978.

Y ya de noche, la noticia del fallecimiento de Macario Benítez, alcalde socialista de El Rosario (La Esperanza), durante varios mandatos. Benítez trabajaba desde que salía el sol hasta que se despedía de sus habituales visitas a domicilios vecinales o les daban las tantas jugando una partida de envite, tal era su campechanía habitual. Preocupado por el desarrollo del municipalismo, se integró activamente en los debates de las principales cuestiones que lo afectaban e hizo cuanto pudo para engrandecer su municipio. Pese a los reveses finales, será siempre recordado.

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