9 agosto, 2020

Día 33 de la Alarma

Cuando nos levantamos, hay hasta seis efectivos del servicio municipal de parques y jardines que hablan y trabajan en el acondicionamiento de los parterres del paseo perimetral interior de la plaza del Charco. A media mañana, ya luce esa tarea. Es curioso, la plaza, pasara lo que pasara, siempre fue objeto de mimo por parte de los gobernantes y responsables. Ahora, sigue siendo el centro del pueblo, aunque no circule gente, aunque no la atraviesen. Bueno sí, solo quienes sacan a pasear sus perros. Nunca se vio a tantos.

Hay ligeros repuntes en las cifras de los registros habituales. Los especialistas consultados hablan de cierta normalidad en ese hecho, de ahí su cautela, expresada a lo largo de días pasados, a medida que se conocían indicadores de cierta mejoría. Son números que impactan, claro. Los números de un efecto devastador. Por ejemplo, el de los trabajadores sanitarios contagiados de COVID-19 en Canarias, que ya son cuatrocientos ochenta y ocho y representan el 24,5 % del total.

Y las consecuencias: el panorama, desde donde quiera que se mira, es preocupante. Los más negros nubarrones dominan sobre cualquier sector productivo. El campo resiste, dicen, pero los testimonios de los agricultores son inquietantes. Algunos venden o trasladan a domicilio parte de sus cosechas, se asocian, buscan furgones. Piden la apertura de mercadillos, hacen modestos anuncios en redes sociales. O donaciones. Es probable que tiren o arrojen productos perecederos. En cualquier caso, el abastecimiento, como se ha repetido por responsables de distinto nivel, está garantizado.

El escenario previsto en el sector turístico es que el año acabe con una sensible disminución de turistas: de dieciséis a tres millones de visitantes. El desplome del Producto Interior Bruto (PIB), hasta un 28 %, es otra referencia de la magnitud de las consecuencias. Normal que en las presentes circunstancias predomine la preocupación. Y no cuestión, por cierto, de apremiar la reapertura ni experimentar con ella. La seguridad personal y la salud, primero que todo. El Puerto, por cierto, prepara un plan financiero para dar cobertura y garantizar la viabilidad de las medidas para paliar la crisis económica. Habrá que ser muy realistas y consecuentes para saber hasta cuándo y dónde resiste el gasto municipal.

Jesús Manuel Hernández anuncia que reaparecerá ‘desde la corona’. Al ‘profe’, ya jubilado, se le echa de menos. Pero se respetan los retiros porque ahora, seguro que volverá con más fuerza, con sus comentarios y análisis que alardean de sensatez y campechanía. Con verdades contundentes y con humor que hacen más llevaderos los infortunios (por supuesto, el azote de la desinformación) que padecemos por estos pagos. A modo de avance, nos anticipa la siguiente estrofa:

“La pandemia, sin vacuna,
nos indica Salvador,
y pienso que, a lo mejor,
él está pensando de una
bien cercana y más porcuna,
que azuza la inteligencia
con su carga de violencia
verbal y de incitación
a la tirria en plan hampón
para solaz de su audiencia”.

Adelante, ‘profe’, que hay mucho por describir todavía. Y si es en lenguaje poético, mejor. La cantidad de gente que se ha aprendido el “Resistiré”. La cantidad que se asoma con una sonrisa a los balcones a aplaudir. La cantidad que sigue aguardando buenas noticias.

La esperanza nos mantiene.

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