16 mayo, 2022

El cuidado de los jardines (reconocimiento a Martín Rodríguez)

Ahora que se ha jubilado Martín Rodríguez Pérez, cariñosamente conocido por ‘el Cabra’, es de justicia reconocer su excelente trabajo en el tratamiento de las zonas ajardinadas en el Puerto de la Cruz, aunque haya disconformes y digan rápidamente “pues en mi barrio no se notó”.

Martín llegó en silencio, con su título universitario en el bolsillo, a principios de los ochenta, cuando el malogrado Francisco Afonso encabezó la segunda gran transformación del municipio. Tenía claro que había que cualificar los encantos portuenses y empezó a desarrollar una tarea de reverdecimiento y cuidado de espacios libres, paseos y parterres que, curiosamente, admiraban casi todos los visitantes, mientras muchos nativos no solo no los valoraban sino que, en algunos casos, los maltrataban y destrozaban.

Hoy, cuando pasear por la ciudad, en medio de tanta soledad y de tanto vacío, con una impresión elevada de limpieza y mantenimiento, sirve para apreciar uno de los activos que sustentan la oferta del destino y la calidad de vida de sus habitantes, residentes, nativos y visitante.

Martín fue, durante su etapa activa, un celoso cumplidor de su oficio y de sus cometidos. Desde temprano, en las calles y plazas, ya estaba vigilando sin vigilar. Con alegría y con zorrería, esa que va en el linaje, observaba la labor de los componentes de su mirada y ayudaba como uno más. Comprobaba y ya pensaba en el día siguiente, en el cuándo de la tarea que le habían encargado su concejal jefe o los ediles a los que cualquier ciudadano hacía llegar alguna demanda.

Martín Rodríguez Pérez estaba siempre ahí, a pie de palmera, cuidadoso de no pisar el césped, disconforme cuando algún resultado no era satisfactorio. Ensayó con numerosos cultivos, para renovar el aspecto de determinados sectores. Inculcó a los jardineros una disciplina subliminal que, a la larga, se iba notando: arbustos, flores… la vegetación, en su conjunto, esa belleza natural, bien cuidada, están para admirar.

Martín, que jugó al baloncesto en sus tiempos mozos para lanzar los tiros libres y capturar él mismo el rebote, incursionó en el cultivo y cuidado de los bonsáis, fortaleciendo el interés de muchas personas a las que cabe llamar artesanos o artistas de la jardinería. Echaba pestes de los desaprensivos que arruinaban el trabajo de plantación o reforestación, pero seguía empeñado en mejorar los elementos que embellecían el municipio.

Ahora que, a diario, se homenajea a profesionales y colectivos, las circunstancias permiten apreciar el trabajo de jardineros, barrenderos, recogedores de residuos y del propio Martín Rodríguez Pérez que, ya jubilado, podrá apreciar los frutos que sembró durante tantos años.

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