28 octubre, 2020

Elsie Ribal, bajo la piel de la luna

Su intimismo, sus adentros, sus sentimientos, sus querencias, sus ánimos… La autora va desgranando, poema a poema –titulados en su mayoría con una sola palabra-, la delicadeza con la que ha interpretado su propia existencia hasta volver a reencontrarse con sus valores de siempre, ahora Bajo la piel de la luna.

Y así, sin necesidad de demostrar nada, luce su identidad poética, consciente de que la mejor manera de enhebrar sus versos es respetar su clasicismo y refrescar sus fuentes de inspiración. Se sabe “hoja, tránsito”, la “silueta de la alborada” que hace lo que más le gusta en una soledad productiva, en las horas que aprovecha para amar esta forma de escribir y decir las cosas.

Sabe lo que la “palabra destila” en un instante. En los silencios de esa soledad, están los secretos. Pero están también los rumores, las sombras, la brisa perceptible, los sueños, las olas de la mar cercana, los suspiros, los oníricos mensajes, la frondosidad anhelada de las lecturas y relecturas inagotables. Por eso se lanza “una vez más/ a remar con los luceros/, mientras convergen colores/ que desnudan mi alma/ con plegarias de silencios”.

Elsie Ribal hace que trascienda su universo particular, pletórico de sensibilidad, en este nuevo poemario con el que se resiste a dejar de lado sus ensoñaciones. Versos nuevos de aristas conocidas y de perfiles generados con talante aperturista, con propuestas y figuras que prolongan su afán creativo.

En él plasma dos hechos sobresalientes: su admiración por Federico García Lorca y el amor por su ciudad natal.

En efecto, dedica una balada al escritor granadino pues “siguen flotando en las plazas/ las corrientes de tus ríos/ que arrastran mensajes verdes/ con romances encendidos”. Es como si los versos de Elsie, sintiendo que el aire estremece, quisieran hurgar en la personalidad y la obra del autor. Y ahí se entremezclan factores y figuras dispares:

“Tu obra de acacias, sombras,/ de remansos y doncellas,/ desnuda bajo la lluvia/ con eternas primaveras,/ se cubrió por un instante/ de negros rasos de seda”.

En otro poema, que lleva nombre y apellidos de Federico, la poetisa, valiente, no oculta su dolor porque hasta “la luna se mostró herida” aquel fatídico 18 de agosto. El dolor acaso reflejo los sentimientos definitivos: “Hasta el sol cala de frío/ en tu tierra granadina/ la que te viera nacer/ y ausentarse de la vida/ por la ignominia salvaje/ bajo un poder homicida”.

Por otra parte, Elsie Ribal es una portuense de pro (no olvidemos que es natural de La Victoria) sin tener necesidad de presumir de ello. Ha estado siempre donde el pueblo, sus agentes sociales, le pidieron que estuviera. Lo suyo ha sido la modestia, lucir sus dotes sin alardes, en sus libros, en sus recitales, en sus cometidos públicos. Que en este nuevo libro haya insertado estrofas dedicadas a un Puerto de la Cruz que ella ha visto evolucionar, revela no solo su amor por la ciudad sino la voluntad de corresponder a ese afecto. Cuando la autora habla de belleza, lozanía, paz y algarabía, alude a los encantos del “viejo relicario” que pintores y poetas llevaron a sus lienzos y a sus páginas con el ánimo de quien descubre un mundo que fascina por tantos atractivos.

Los otros poemas constituyen la sucesión de imágenes y metáforas que la poetisa y rapsoda va hilando segura del terreno que pisa, dotándolos de una cualidad sugestiva. Bajo la piel de la luna es, pues, un libro de poesía en el que su autora siente el paso de la vida a la vez que demuestra que aún puede remar con los luceros y desnudar su alma, en tanto el caleidoscopio colorea esas plegarias de silencio que tanto dicen de personas sutiles que sienten y se esmeran con lo que hacen.

El lirismo de Elsie, en efecto, siempre cautiva, sigue atrayendo, acaso porque no abunda la fórmula poética, acaso porque las coordenadas de ésta siguen siendo terreno difícilmente accesible dadas las singularidades que lo caracterizan.

Desde Torres de arena a Acantilados de papel pasando por Crepúsculos, Cuando se quiebra el silencio, Paréntesis azules sobre el asfalto y Poemas a voces, que firma junto a su hija, Elsie Tavío, en el conjunto de su producción bibliográfica, hay todo un vuelo de poetisa que es capaz de superar adversidades de la vida y seguir acreditando entereza al dejar en el papel una idea, un verso lleno de delicadeza y sencillez.

Lo que sí sabemos, desde luego, es que la piel de la luna es muy sutil.

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