3 octubre, 2022

Juan Cruz: “El viaje es un estado de la mente”

JuanCruzPara Juan Cruz, el viaje es “un estado de la mente”, una disposición a imaginar y a adentrarse en otros territorios de la mano de la curiosidad y del deseo de alcanzar más allá de lo que se conoce. “Nunca concebí el viaje, en mi vida, con la visión cuadrada o redonda de las máquinas fotográficas; el viaje era una experiencia en sí misma, un estado de la mente, el cumplimiento de un deseo”, asegura.

El escritor y periodista Juan Cruz, gran conocedor de Puerto de la Cruz y de su lugar en la literatura de viajes, por ser, además, originario de la ciudad, mantiene con el periodista Eduardo García Rojas una entrevista pública en la sección Conversaciones en La Ranilla de Periplo, el Festival Internacional de Literatura de Viajes y Aventuras de la ciudad turística del norte de Tenerife.

Los primeros viajes de su infancia, recuerda el escritor, discurrieron en paralelo entre la realidad de los traslados a la capital de la Isla para visitar al médico y la imaginación del cobrador de guaguas que todos los días iba al Teide y hechizaba a los oyentes con sus cuentos. Desde aquellos primeros años en que el escolar Juan Cruz hizo del trayecto de la casa al colegio el motivo de su primer relato, el futuro escritor lo tuvo claro: “viajar era imaginar el viaje, o contarlo”. Más tarde, de adolescente, experimentó que “el mejor viaje de todos era el que no se podía contar, el que se hacía venciendo todas las prohibiciones”.

Precisamente, la obra más reciente de Cruz es el Viaje a las Islas Canarias, un título al estilo de “los viajeros que vinieron aquí en los distintos siglos, desde Humboldt al padre de Oscar Wilde”. El nombre de esta última obra del escritor coincide con el que también usó para su “recuento prodigioso” el viajero alemán, al que Cruz menciona para recordar el destino de nuestro paisaje: “por cierto -recuerda- Humboldt no lloró ante el Valle, ahora sí lloraría”, dice.

El libro surgió de un encargo: “un editor neoyorquino, Peter Mayer, me pidió hace unos años que escribiera un libro a partir de las cosas que yo mismo le había ido contando de lo que viví en las ocho o nueve islas que componen este Archipiélago”. Juan Cruz decidió afrontar el reto viajando de nuevo a cada una de las islas y apoyándose en el Cuaderno de godo de Ignacio Aldecoa, “para darle orden a mi propio recorrido por cada una de las islas, incluyendo Lobos o La Graciosa, donde precisamente él tuvo su centro de operaciones narrativas mientras vivió entre nosotros”, explica el escritor.

Esa extraña condición de “viajero en mi propia tierra” ha permitido a Juan Cruz, en sus propias palabras, saborear en los altos de Garajonay, en La Gomera, “la carne con papas como la hacía mi madre”; redescubrir sonidos, como el de las cabras en Betancuria y en El Hierro o el del silbido del viento del norte en Buenavista del Norte; “disfrutar de la lentitud de la vida” en el Tamaduste; reencontrarse en Tejeda advertí con el aire que había descubierto en Tafira en su primer viaje a Gran Canaria; entender “la fascinación del árbol como naturaleza sentimental de las islas frondosas” en La Palma y ver en Lanzarote “la mano de César Manrique completando lo que la naturaleza dejó a medio hacer”.

La ruta concluyó en el Teide. No podía ser de otra manera. Como muchos, Juan Cruz es de los que revisita el volcán tinerfeño cuando puede: “allí voy cada vez que el tiempo me lo pide”. Asociada al Teide, en la vida de Juan Cruz hay un pensamiento del escritor irlandés Samuel Beckett que Cruz conoció junto al volcán y que es “la esencia de mi viaje”: “uno cree haberse ido de la isla, pobre de mi, la isla siempre va conmigo”, dijo Beckett, y así repite Cruz: “la isla siempre va conmigo”.

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