Juan Dóniz y Benijos

A Juan lo conocí a principios de los años de la década de 1980. Había nacido en el barrio orotavense de Benijos, en la zona de las medianías, donde la bruma hace sopanda como le gusta decir al amigo aparejador Angel García. Está alrededor de la cota de 1000 metros, por el subsuelo corren las mejores aguas de la isla y se cultivan las mejores papas bonitas del valle de Taoro, con permiso de la finca realejera de La Pared en Icod el Alto. Nos conocimos por culpa de un cura salesiano, don Víctor Rodríguez Jiménez, un palmero nacido en Todoque, quien había sido profesor mio en los primeros años del colegio salesiano de San Isidro en La Orotava y más tarde escritor, periodista y poeta licenciado en la ULL.  A Juan lo conoció cuando subía los fines de semana a Benijos con María Nélida a impartir el apostolado y el humanismo a los chicos y chicas que no habían tenido la oportunidad de estudiar en Benijos y en otros barrios de La Orotava. Ello me sirvió para que en los años de 1980, al acercarme políticamente a Benijos, pudiese contactar con unos de los jóvenes valores del mundo rural orotavense, Juan Doniz.

Recientemente, cuando fuimos a La Perdoma a ofrecer un homenaje al amigo Antonio Santos, con ocasión de un acto religioso de la Asociación Don Victor que preside Javier Pacheco, tuve bastante tiempo para recordar las décadas de nuestro encuentro sociopolítico que nos permitió participar en la vida política de la Villa a partir de 1983. Es decir casi cuarenta años desde que compartimos responsabilidades políticas en la Corporación de La Orotava cuando mi hermano Francisco renunció a la Alcaldía de la Villa y el pueblo orotavense votó por Isaac Valencia en las elecciones de 1983. Entonces aposté por el joven benijero y le dimos responsabilidades en las áreas de Cultura y Deportes que llevaba Domingo Domínguez y en la de Educación que lideraba Vicente Miranda. Todo un pibe con responsabilidades tremendas en la administración de las cosas públicas de la Villa.

En El Pago de Higa pudimos tomar un poco de vino y comer algunas tapas, lo que nos permitió seguir hablando de nuestra común historia pese a la diferencia de edades. Estaba encantado de contarme toda su vida, desde que bajó a la Cruz Santa y le daba vergüenza de decirle a Luis el del restaurante La Rana que era de Benijos, hasta que le contó a los periodistas del Valle que dejaba la política municipal. No faltaron referencias a sus vivencias familiares con su padre cuando se casó con Juana, ni cuando la oposición municipal nos denunció por culpa de problemas administrativos en la Intervención de la que salimos resueltos. Juan me contó su preocupación por el programa político inacabado de la AIO cuando entramos en el Ayuntamiento en 1979 y en 1983 cuando lo hicimos bajo la fórmula de ATI. No faltaron las referencias al Día Internacional de la Mujer y a la Igualdad. Se sentía muy satisfecho de ser abuelo y de haber bajado en su día a la Villa para estudiar algunos años en el colegio de los salesianos donde conoció la visión de San Juan Bosco a la hora de formar a los jóvenes en el mundo profesional. Su labor en el mundo de la hacienda municipal le permitió conocer empresas y empresarios y en la actualidad se siente muy orgulloso de su familia. No hablamos de las ferias de ganado en Benijos, ni de la carne de cabra ni de la lotería de la comisión de Fiestas de Benijos pero si de la electricidad, el agua y la escuela que conoció en los años de 1980. También del equipo que entró entonces en la Corporación municipal de la Villa y que entre todos han conseguido llevar a La Orotava por la senda de la calidad de vida. No sacamos a relucir los bustos de don Víctor y de Juan que se alzan en territorio de Benijos. Solo recordamos la labor que este profesor salesiano hizo en los altos del valle, en tierras de medianías de La Orotava y Los Realejos y el magisterio que impartió en sus años de profesor con la redacción y la escritura. Evocamos nuestro amor por Venezuela, por Cuba y por el Teide, y ahora le gusta viajar y caminar. Le pregunté por las próximas elecciones y por el futuro de La Orotava. Lo vi bastante optimista. Cree que sigue habiendo equipo con Francisco Linares. Estaba emocionado con las entrevistas que le hicieron los periodista de El Día y el Diario de Avisos pero su nieto era lo primero. Noté a Juan interesado por su salud, como todos, y con ganas de seguir luchando por el bien común y por el interés general. Al final me bajó hasta el Puerto de la Cruz, y me acordé de cuando fuimos a pedirle a los vecinos de Benijos que apoyaran la financiación municipal del alumbrado público del barrio. Los mayores se acordaban de los años en que el Puerto se llevaba toda la luz en detrimento de Benijos y La Perdoma y el ayuntamiento encima les quitó los postes de la luz que le habían prometido y se los llevaron para leña en los años de la Guerra.

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