La Ermita de Nuestra Señora de la Paz y San Amaro

La Ermita de Nuestra Señora de la Paz, si bien durante siglos estuvo situada en territorio perteneciente al ayuntamiento de La Orotava, desde finales del siglo XIX, con la extensión territorial concedida al Puerto de la Cruz, este pueblo extendió sus límites hasta la zona situada por encima del Jardín de Aclimatación, popularmente conocido desde la antigüedad como Jardín Botánico. A partir de este momento, la citada ermita, que desde hace años ya es parroquia, está enclavada en el término municipal del Puerto de la Cruz.

La época guanche

Me parece oportuno situar y comentar aunque solo sea levemente, las más acusadas características del territorio en que se construyó la que hoy en día es la más antigua edificación religiosa de nuestra actual ciudad y ese honor lo ostenta la llamada Ermita de Nuestra Señora de la Paz y San Amaro, cuyo origen se remonta a la última década del siglo XVI.

Ha sido muy citado y comentado, que el territorio comprendido entre el Acantilado de Martiánez y la zona situada en el entorno del Jardín Botánico, que la suavidad de su clima y la presencia de abundante agua en la llamada Fuente de Martiánez, situada en las cercanías de la citada zona, fueron factores importantes para que el lugar fuese escogida como el asentamiento de una nutrida colonia guanche, puesta de relieve por el hallazgo de numerosos restos humanos de los antiguos guanches habitantes de la zona, en una cueva sepulcral, situada en la cercanías del paraje actualmente conocido como La Paz.

Por el interés que la zona presentó como hábitat de nuestros antepasados guanches, reproduzco un fragmento de una crónica anterior ya publicada, en la que se mencionaba un trabajo de prospección arqueológica realizado en el litoral del antiguo Menceyato de Taoro, concretamente en los municipios de Los Realejos, Puerto de la Cruz y La Orotava, por los investigadores Alfredo Mederos Martín y Gabriel Escribano Cobo, quienes al describir los resultados obtenidos en el Acantilado de Martiánez, mencionan la zona llamada Acantilado de Martiánez VIII, del siguiente modo : “Cueva de habitación, situada a 55m sobre el nivel del mar, en la margen derecha del Barranco de Martiánez, en la trasera del Centro Comercial Las Pirámides de Martiánez, cuyo acceso exige técnicas de escalada al encontrarse colgada en el acantilado, localizada durante el inventario arqueológico del Puerto de la Cruz, tras descolgarse C. G. González unos 15m desde el Paseo Marítimo. Según el inventario, podría tratarse de la Cueva de los Siete Palacios, porque presenta siete pequeñas cámaras en su interior. Está orientada a 280ºW, con una boca de 1,30 m de longitud a la entrada, 1,40 m de altura y unos 11 m de profundidad, ganando amplitud en el interior donde se alcanzan 6 m de ancho y 2.20-2.75 m de altura. En superficie se documentó restos humanos, obsidiana y huesos de ovicaprinos” [1].

En la imagen siguiente se aprecia la zona citada, que se hallaba muy cercana al viejo y estrecho sendero que permitía ascender por el Acantilado hasta La Paz.

Acantilado de Martiánez, visto desde las Piscinas de Martiánez.
El Acantilado de Martiánez, visto desde las Piscinas de Martiánez. A la derecha se sitúa la Cueva de los Siete Palacios (Foto A. Miranda Armas)

La zona en cuestión tenía un suelo poroso, constituido fundamentalmente por el material llamado por los geólogos pumita, nombre científico que corresponde a lo que popularmente conocemos como piedra pómez. Existían en la citada zona abundantes grutas y ello permite especular de manera razonable, que estas cuevas pudieron ser frecuentemente empleadas por los pastores guanches cuando abandonaban las medianías para dirigirse a la costa, en busca de pastos para sus ganados.

Después de la conquista de la isla de Tenerife por los castellanos, la zona fue durante los siglos posteriores muy esquilmada por los buscadores de guano, que descendían a las grutas en busca de este material, producto de las deposiciones de las palomas silvestres que anidaban en las cuevas que existen en este lugar. Justamente en una de estas búsquedas se descubrió, la anterior cueva que ya comenté incluyendo su situación y descripción.

Los cultivos de los Llanos de la Paz

El terreno en el que se situó la Ermita de Nuestra Señora de la Paz, era denominado antiguamente como Sancho Caballero, por ser esta persona el dueño de muchas de las abundantes y feraces tierras de cultivo que existían en la zona citada, en la que consta hubo buenas plantaciones de vid, concretamente de la variedad malvasía, que era la productora del afamado vino que se exportaba desde nuestra isla hacia Europa y América, durante los siglos XVII, XVIII y parte del XIX.

Este lugar aunque estaba muy cercano a nuestro pueblo, desde el punto de vista jerárquico dependía, al igual que lo hacía el Puerto de la Orotava, del por entonces lugar de La Orotava, a cuyo municipio pertenecía la zona citada.

Por otra parte, debido el mayor auge de asentamiento y por tanto de construcción de viviendas., el desarrollo urbano del lugar de La Orotava tuvo lugar anteriormente al de nuestro actual pueblo. Su crecimiento, basado en los buenos terrenos aptos para la agricultura, hizo que La Orotava prosperase rápidamente a lo largo del siglo XVI, en tanto que el asentamiento y el desarrollo urbano del Puerto de la Cruz fue mucho más lento y nunca estuvo ligado primordialmente al cultivo agrícola, ya que como narré en las crónicas anteriores, nuestro pueblo, por su origen volcánico, carecía de un suelo apto para la producción agrícola en gran escala.

El primer gran cultivo que se desarrolló en el Valle de la Orotava a lo largo del siglo XVI fue el de la caña de azúcar, y por ello existieron en el citado valle varios ingenios azucareros para la producción de este preciado producto, cuyo último destino era la exportación. Y en esta última faceta fue donde jugaron Garachico y el Puerto de la Cruz, un importante papel por ser puertos de mar, que se utilizaron para la recepción de las materias primas necesarias y para la exportación del azúcar hacia Europa.

Cuando la colonización del continente americano estuvo completa y empezaron a desarrollarse en ese continente plantaciones azucareras, Canarias no pudo competir en igualdad de condiciones con el cultivo de la caña de azúcar que se hacía en la América española, lo que obligó a que paulatinamente se fuera abandonando este cultivo y adaptándose a otro nuevo, que realmente fue prometedor y situó a Canarias y particularmente a las islas de Tenerife y La Palma, en una situación privilegiada. Me refiero al cultivo de la vid y con ella a la producción del vino, mereciendo especial mención el exquisito vino malvasía, que fue la perla que hizo conocida y famosa a Canarias en toda Europa y gran parte de la América del Norte, pues tal como tal como se narra en algunas crónicas, la independencia de los Estados Unidos de América se celebró con el malvasía canario.

La construcción de la ermita

En lo referente a la construcción de la Ermita de Nuestra Señora de la Paz y San Amaro, el eminente historiador canario Leopoldo de la Rosa Olivera afirma que fue construida en 1591 [2] y el historiador orotavense Antonio Luque Hernández, en su libro La Orotava, corazón de Tenerife, comenta asimismo [3], que la ermita fue fundada en la misma fecha, por Juan de Mesa y Lugo, capitán y regidor de Tenerife y vecino del lugar de La Orotava. Según el mismo autor, la figura de Nuestra Señora de la Paz fue donada, un siglo después, por Lope de Mesa y Llarena, capitán de milicias, regidor y alguacil mayor perpetuo de Tenerife y biznieto de Juan de Mesa y Lugo.

Plano de situación de la Ermita de San Amaro
Plano de situación de la Ermita de San Amaro (Autor anónimo)

La Ermita de Nuestra Señora de la Paz y San Amaro, que se mantuvo durante mucho tiempo bajo la dependencia de la iglesia parroquial de Nuestra Señora de La Concepción de La Orotava, constituyó a finales del siglo XVI hasta comienzos del siglo XVII, el único punto al que podían acudir los todavía escasos habitantes del Puerto de la Orotava para asistir a la Santa Misa.

No deja de ser paradójica la construcción de esta ermita en una zona poco poblada y relativamente alejada de lo que constituyó el núcleo poblacional inicial del incipiente lugar del Puerto de la Cruz, así como también del más antiguo y poblado lugar de La Orotava, del que se encontraba mucho más distante que de nuestro pueblo. Hoy las distancia citadas nos pueden parecer muy cortas y creo que incluso hasta ridículas, pero conviene no olvidar que a finales del siglo XVI, el único medio de transporte eran las carretas para la gente de condición humilde, los caballos, que eran un privilegio reservado solamente para los caballeros, entendiendo por tal a los hombres de cierto poder económico y en consecuencia que poseían un lugar destacado en la sociedad de la época y en último extremo, las calesas, que a su vez también eran tiradas por caballos y eran usadas por gente de la buena sociedad.

Ermita de Nuestra Señora de la Paz y San Amaro (Autor anónimo)
Ermita de Nuestra Señora de la Paz y San Amaro (Autor anónimo)

Según el portuense José Javier Hernández García, el levantamiento de la ermita en una zona tan apartada de los dos núcleos poblacionales, el por entonces pujante lugar de La Orotava y el todavía escasamente poblado lugar del Puerto de la Cruz, podría deberse a la costumbre española de levantar ermitas en lugares que solían coincidir con el emplazamiento de otros templos de origen no cristiano, y ya cité al comienzo de esta crónica la existencia de una importante necrópolis aborigen en el cercano Acantilado de Martiánez [4].

Otra opinión diferente es la emitida por Lorenzo Santana, para quien la explicación podría estribar en el deseo de los habitantes del cercano lugar de La Orotava, de disponer de un espacio abierto y relativamente cercano, para poder celebrar romerías, lo que justificaría la presencia de la imagen de un santo de gran significación romera como San Amaro en la citada ermita [5].

Otra versión distinta sobre el porqué de la construcción de ermita en una zona despoblada, se basa en admitir que fue levantada para llevar a cabo la cristianización de estos lugares que en tiempos antiguos fueron de un importante valor espiritual para la población aborigen de los guanches, que como ya cité en una crónica anterior tuvieron en el cercano Acantilado de Martiánez una importante necrópolis. No hay una opinión unánime sobre este tema y las diferentes versiones que he citado, sólo son conjeturas hechas sobre una base más o menos razonable.

Juan Antonio Franchi Alfaro, al respecto del reparto hecho por el Cabildo de la isla de Tenerife de la llamada dehesa comunal del Puerto se queja de la extensión que el corregidor dio al citado lugar, al hacerla llegar “hasta el Llano de la Paz, donde el año 1591 habían fundado los vecinos de La Orotava una ermita de Nuestra Señora de la Paz, por su devoción y salir, como salían, los caballeros a ejercitarse en sus caballos y aprender el uso de las armas y gineta, tan necesarios para la nobleza en la edad de la juventud” [6].

Tal como comenté anteriormente, diversos autores citan 1591 como el año de la construcción de la ermita, aunque hay evidencias que permiten afirmar que la erección de la ermita de Nuestra Señora de la Paz se inició con anterioridad a la fecha citada. Así, en el testamento de Gonzalo Pérez Naco, vecino del lugar de La Orotava, realizado en marzo de 1589, dejó tres doblas de tributo perpetuo a la Ermita de Nuestra Señora de la Paz, “que se hace debajo de este lugar”  y mandó que en la citada ermita “se me digan en cada un año por ..[roto] la Encarnación en su día…, una misa cantada“, manifestando asimismo su voluntad “de dejar los dichos mis bienes a la ermita de nuestra Sª de la pas..” [7]. Es un testimonio indudable, que prueba que la edificación de la ermita había comenzado con anterioridad a la fecha del testamento citado, lo que probablemente sitúa el comienzo de la construcción de la ermita en torno a 1588-89. 

Ermita de Nuestra Señora de la Paz y San Amaro (Autor anónimo)
Ermita de Nuestra Señora de la Paz y San Amaro (Autor anónimo)

Otro argumento importante, lo obtenemos en el registro realizado con ocasión del bautizo de Juan, un esclavo de Alonso García Calzadilla, que se celebró el día 29 de noviembre de 1590 en la Parroquia de La Concepción de la Orotava, en el que actuó como padrino el hermano Andrés, que en el citado registro para dar constancia del bautizo, es citado como “ermitaño de Nuestra Señora de la Paz” [8].  En este punto conviene recordar que hasta el pasado siglo la zona conocida como La Paz, estaba integrada en la Villa de la Orotava y que por esta razón la Ermita de Nuestra Señora de la Paz, se hallaba bajo la dependencia de la parroquia matriz de La Concepción de la Orotava.

En 1597, José de Llarena Calderón dio a Nicolás García Calzadilla, vecino de La Orotava, la tierra que tenía junto a la Ermita de Nuestra Señora de la Paz, que “dicen de La Cuadra, notoria, conocida y cercada”; se la arrendó por nueve años, y como pago del arriendo debía darle cada año 10 fanegas de trigo bueno y limpio [9]. En ese mismo año, Ana de Lugo, mujer de Blas Miguel, mercader vecino de La Orotava, dejó en su testamento una limosna de 4 reales y una dobla para ayudar a la compra de un cáliz para la ermita [10].

De gran interés es la información siguiente, relativa al testamento del Licenciado Francisco Hernández, Beneficiado de la Iglesia Parroquial de la Concepción de La Orotava, quien era hijo de Elvira de León y de Pedro Méndez, y pidió ser enterrado en la Ermita de Nuestra Señora de la Paz [11]. Francisco Hernández fue mayordomo de la Ermita de Nuestra Señora de la Paz, y durante su mayordomía la mejoró con la construcción de un cuarto y unos aposentos que realizó a su costa, y en una cláusula de su testamento se afirma que éste último fundó una capellanía para que se le dijesen dos misas.

Por el mismo testamento anteriormente citado se sabe que Francisco Hernández compró asimismo un tributo de 100 doblas a la beata Catalina Estupiñán, otro de 4 doblas a los herederos de Manuel Gómez Galván, así como otro de 20 doblas a Baltasar Pérez Valladares, todos destinados para la citada ermita, porque tenía una gran devoción a Nuestra Señora de la Paz. Dejó asimismo un legado a su sobrino que se llamaba Francisco Hernández, igual que él, para que pudiera hacerse cura.

A este respecto, el prestigioso investigador Manuel Rodríguez Mesa comenta que los beneficiados de la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción de La Orotava, Roque Carrillo-natural de La Palma, hijo de castellanos y graduado en cánones por la Universidad de Valencia y el anteriormente citado Francisco Hernández,-bachiller hijo de portugueses-, asumieron la responsabilidad de decir “por el dia de nta. Sª de la Encarnación o en su octaba, una misa cantada a la advocación de la dha. Hermita, donde acuden en procesión con cruz alta” [12].

Tal como se aprecia en la foto siguiente, la ermita presenta una estructura de una sola nave, con dos cuerpos claramente diferenciados, una destinado a la capilla, que es el de mayor altura, con un tejado a cuatro aguas, cubierto con tejas y otro tejado para la nave, el cual sólo tiene tres aguas.

Interior de la Ermita de Nuestra Señora de la Paz y San Amaro
Interior de la Ermita de Nuestra Señora de la Paz y San Amaro

De la actual construcción, casi sin ninguna duda, la capilla es la parte más antigua del templo, que fue posteriormente ampliado y reformado a mediados del siglo XIX. Al comienzo, tenía su entrada por el norte, pero esta entrada está actualmente cegada, aunque aun se puede apreciar el antiguo arco de medio punto que existía en esta zona.

A la derecha la antigua entrada a la ermita de San Amaro (Foto de Otto Aue) 1930
A la derecha la antigua entrada a la ermita de San Amaro (Foto de Otto Aue) 1930

Fachada norte de la iglesia de San Amaro
Fachada norte de la iglesia de San Amaro

Fachada norte de la ermita con la antigua entrada tapiada
Fachada norte de la ermita con la antigua entrada tapiada

Para terminar con la descripción exterior, citaré que en la fachada, sobre el lado derecho y en su parte superior, se aprecia una espadaña provista de una campana, que evidentemente servía para comunicarse con los fieles.

Antigua puerta de entrada de la ermita (actualmente tapiada)
Detalle de la antigua puerta de entrada de la ermita (actualmente tapiada)

Aunque en el título de la crónica se cita primero a Nuestra Señora de la Paz, creo que es lógico afirmar que siempre el culto a San Amaro, cuya presencia en la ermita es casi un siglo anterior, superó con creces a la devoción por la citada virgen.

Altar mayor con la imagen de Nuestra Señora de la Paz
Altar mayor con la imagen de Nuestra Señora de la Paz

Nuestra Señora de la Paz
Imagen de Nuestra Señora de la Paz

La ermita fue dependiente durante mucho tiempo de la Iglesia de la Concepción de La Orotava, porque como ya comenté anteriormente, estos terrenos estuvieron hasta el final del siglo XIX bajo la jurisdicción de la Villa de la Orotava.

El 15 de enero se celebra la festividad de San Amaro, también conocido por San Mauro, y dada la advocación inicial de la ermita que comento en esta crónica, creo oportuno incluir algunos datos biográficos sobre este santo.

Mauro nació en Roma hacia el año 511, en el seno de una familia noble, pues se cree que era hijo del senador romano Erquicio, aunque su origen es incierto pues algunos autores también lo han relacionado familiarmente con los nobles romanos Fondi, Gallipoli y Lavelo, entre otros. Siendo todavía muy joven, su padre lo presentó a San Benito para que éste se encargase de la educación del todavía adolescente, pues, al parecer de su familia, el ambiente de cierta degradación que se vivía en la Roma de aquel tiempo, no era el más adecuado para la formación de los jóvenes. Como dato curioso, añado que junto con él, también fue presentado a San Benito, otro joven romano, que andando el tiempo sería el futuro San Plácido, hijo del patricio romano Tertulio.

Imagen de San Amaro (Autor anónimo)
Imagen de San Amaro (Autor anónimo)

San Gregorio habla muy elogiosamente de este santo y así dice “el joven Mauro, dotado de buenas costumbres empezó bien pronto a ayudar al maestro, cuando Plácido, todavía era un niño”. San Mauro se convirtió, a pesar de su corta edad, en un monje cercano a San Benito, de quien llegó a gozar de su total confianza y aparece citado en varios pasajes milagrosos de la vida del citado patriarca San Benito, según la narración gregoriana.

Esencialmente, tanto San Mauro como San Plácido, son los prototipos de la tradición monástica de los llamados “oblatos”, término que en aquellos tiempos se aplicaba a las personas que se ofrecen o son ofrecidas a Dios en un monasterio, lo cual fue una práctica muy común en la Edad Media.

En el libro Vida y Milagros de San Mauro, escrito en Francia por el abad Odón de Glanfeuil, con el pseudónimo de Fausto de Montecasino, este monje menciona que San Benito en el año 543, envió a Mauro a Las Galias (la actual Francia), es decir, con Mauro con aproximadamente 32 años de edad, para que estableciese allí la vida monástica y transmitiese así la Santa Regla. Con la inestimable ayuda del Rey Teodoberto, San Mauro fundó el monasterio de Glanfeuil, en las orillas del rio Loira, una abadía que en francés es conocida como Saint-Maur-sur la Loire, es decir, San Mauro en el río Loira.

En la obra citada anteriormente, se narran toda una serie de milagros obrados por la intervención de San Mauro, que entran dentro del reino de las leyendas y entre ellos, el más destacado es la resurrección de un joven muerto, el cual luego contó a los monjes que gracias al Abad Mauro pudo librarse de las penas del infierno.

San Amaro - Autor anónimo
San Amaro – Autor anónimo

La tradición francesa menciona que San Mauro gobernó como abad en la citada abadía benedictina cerca de 39 años y que en el 582 se retiró a una vida eremítica de soledad y murió dos años después, concretamente el 15 de enero de 584, cuando tenía setenta y tres años de edad.

San Mauro fue considerado en Francia como el patrón de los caldereros y de los herreros y es interesante resaltar que se le menciona como pródigo en curaciones extraordinarias a favor de los pobres, por los que tanto se desvivió. En la antigüedad, fue muy frecuente era encomendarse a este santo para prevenir y curar enfermedades y se dirigían a él pidiendo su curación, los que padecían parálisis, debido a la tradición que sitúa a San Mauro como servidor de los menesterosos y los lisiados.

La devoción a San Mauro no quedó limitada a Francia, donde pasó gran parte de su vida, como narré anteriormente, y así, el santo también era invocado en Bélgica, para ayudar a curar la ronquera. Citaré para finalizar este apartado, que en la iglesia objeto de esta crónica, que actualmente es más conocida popularmente como Iglesia de San Amaro que por Nuestra Señora de la Paz, se conservaban numerosos exvotos realizados en cera, depositados por los enfermos al lado de la imagen a la que se encomendaban, solicitando o en otros casos agradeciendo una curación.

San Cristóbal con San Mauro (a la izquierda) y San Egidio. Willem Morrel
San Cristóbal con San Mauro (a la izquierda) y San Egidio. Willem Morrel

No son escasas las ermitas construidas bajo la advocación de San Amaro que estaban presentes por la geografía de nuestras islas, aunque algunas de ellas fueron desapareciendo por el abandono o la destrucción. El investigador orotavense Manuel González Hernández publicó un interesante artículo titulado “La festividad de San Amaro y San Antonio Abad en Canarias”, en el que proporciona interesantes datos acerca de la celebración de esta fiesta.

Según el anterior historiador [13], San Amaro recibió especial culto en tres centros devocionales; por un lado en Machado, pago del municipio actual de El Rosario, cuya ermita de San Amaro o del Rosario data de la primera mitad del siglo XVI y de cuya imagen el propio Espinosa ya hace constar su carácter milagroso y de gran estimación popular, pues se unió en el siglo XVIII a la mitología de uno de los personajes más singulares del citado siglo, Amaro Rodríguez Felipe, más conocido popularmente como Amaro Pargo (1678-1747).

Amaro Pargo
Amaro Pargo (1678-1747)

Amaro Pargo tuvo fama de pirata y su figura es casi mítica por sus aventuras, su auxilio a los pobres desvalidos y particularmente, por los fabulosos tesoros que según el mito que le rodeaba, escondió en su casa. Como prueba inequívoca de su unión afectiva a la ermita citada de El Rosario, es que allí se retrató, tal como se muestra la siguiente imagen, en la que sólo se aprecia la parte en que se ve Amaro Pargo y no el resto del cuadro.

La casa de Amaro Pargo, fue muchas veces saqueada y actualmente se encuentra en ruina total, en parte por la acción del tiempo transcurrido en total abandono y quizás también por la acción de los buscadores de ese legendario tesoro que la leyenda tejió y que ha sido muy buscado particularmente en la casa vivienda, pero que nunca ha sido hallado probablemente porque nunca existió. En la imagen siguiente tomada del artículo “El tesoro de Amaro Pargo” publicado en Wikipedia en el blogger titulado Rincón de José Carlos [14], aparece esta foto de la casa de Amaro Pargo en estado de ruina.

Ruinas de la casa de Amaro Pargo
Ruinas de la casa de Amaro Pargo – tomada del Rincón de José Carlos

Los restos de este mítico pirata tinerfeño se encuentran en la Iglesia de Santo Domingo de Guzmán de San Cristóbal de la Laguna, donde reposan en su sepultura. No deja de resultar chocante, la imagen de una calavera cruzada por dos tibias que se aprecia en la lápida de la sepultura.

Tumba de Amaro Pargo en la iglesia de Santo Domingo de Guzmán en La Laguna
Tumba de Amaro Pargo en la iglesia de Santo Domingo de Guzmán en La Laguna

También existe otra iglesia parroquial bajo la misma advocación de San Amaro, situada en el municipio de Puntagorda, en la isla de La Palma.

Iglesia de San Amaro en Puntagorda - La Palma - Autor anónimo
Iglesia de San Amaro en Puntagorda – La Palma – Autor anónimo

Retomando el hilo del artículo anteriormente citado [13], Manuel González Hernández proporciona interesantes datos acerca de la festividad de San Amaro o San Mauro. Así, afirma que “San Mauro es un enigmático discípulo de San Benito, quizás imaginario, al que se le da culto con especial arraigo en Galicia y Portugal bajo la advocación de San Amaro. Con toda seguridad su devoción creció en las Islas desde los primeros momentos de la colonización esparcida por los numerosos emigrantes gallegos y portugueses que arribaron al Archipiélago”. En apoyo de su tesis de que fueron los portugueses quienes trajeron esta devoción a nuestras islas, el mismo investigador comenta: “hemos podido constatar cómo son muy numerosas las ermitas que bajo esta advocación existen en Madeira, conservándose desde el mismo siglo XV y en las que bajo esta advocación se celebran fiestas de gran raigambre y a las que acude una multitud ingente de personas, por lo que nada raro sería que su culto fuese trasladado desde allí por la importante colonia madeirense que se estableció en Canarias”.

En la misma publicación, el autor afirma que “La antigüedad de esos cultos en el Archipiélago se puede apreciar en su mención en las primeras constituciones sinodales de la diócesis, las del obispo Muros de 1497. La 16 prohíbe expresamente a los sacerdotes la celebración de las misas que dicen de santo Amador e otras que llaman del conde y otras de san Vicente con cinco candelas e otras con siete e otras con nueve, creyendo que las tales misas no tendrán eficacia para lo que desean si no se dijesen con tal número, con otras supersticiones, así en los colores de las candelas, como en estar juntas o fechas cruz, e otras vanidades que el enemigo procura interponer e sembrar en los buenos propósitos e obras, conociendo que un poco de semejante fermento de vanidad corrompe toda la masa de la buena obra. Condena a pena de excomunión mayor a los que las dijesen con semejantes más locas que devotas demandas, por haber entendido que algunas personas, así hombres como mujeres, con simpleza demandan que le sean dichas”.

 

BIBLIOGRAFÍA

  1. Prospección arqueológica del litoral del Menceyato de Taoro. Municipios de Los Realejos, Puerto de la Cruz y La Orotava (Tenerife). Alfredo Mederos Martín y Gabriel Escribano Cobo. Rev. Canarias Arqueológica, 16: 91-130, 2008.
  2. Sobre los orígenes del Puerto de la Cruz. De la Rosa Olivera, Leopoldo.1965. p. 33-37.
  3. La Orotava, corazón de Tenerife. Luque Hernández, Antonio. Ayuntamiento de La Orotava. 1998.
  4. Puerto de la Cruz: San Amaro, cuatro siglos de memoria. Hernández García,José Javier. El Día. Santa Cruz de Tenerife. 23-VIII-1983.
  5. Comunicación privada. Lorenzo Santana.
  6. Sobre  los orígenes del Puerto de la Cruz. de la Rosa Olivera, Leopoldo, p. 36.
  7. AHPSCT. PN 27976. Jusepe Hernández. 22-III-1589. Folio 117.
  8. Libro 4º de Bautismos. Parroquia de Nuestra Señora de la Concepción. La Orotava. Folio 231v.
  9. AHPSCT. PN 3890. Nicolás de Cala. 9-I-1957. Folios 19-19v
  10. AHPSCT. PN 3891. Nicolás de Cala. 6-XI-1957. Folios 716-721.
  11. AHPSCT. PN 2804. Roque Suárez. 24-VII-1602. Folios 402-408.
  12. Puerto de la Cruz, precisiones sobre su origen y evolución. Manuel Rodríguez Mesa. Tenerife. 2015, p. 100.
  13. Fiestas y creencias en Canarias en la Edad Moderna. Hernández González, Manuel. Tenerife, 2006.
  14. El tesoro de Amaro Pargo. Blogger Rincón de José Carlos. Wikipedia.

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