16 mayo, 2022

La festividad de San Telmo, una antigua tradición popular

Por Melecio Hernández Pérez

En la noche del 21 de diciembre de 1778 ocurrió en el Puerto de la Cruz un trágico y voraz incendio que dañó gran parte del monasterio de San Telmo, segundo de esta población, y que redujo a cenizas la primitiva ermita y la primera imagen del santo patrono, bajo cuya advocación había progresado la iglesia que sirvió de templo conventual a los dominicos con el nombre de Nuestra Señora del Buen Viaje. Este recinto sagrado había sido levantado “a expensas propias y algunas limosnas de los vecinos” por los frailes benedictinos del convento de La Orotava a principios del siglo XVII en terrenos cedidos por el Cabildo de la Isla y sitio señalado por el capitán don Antonio de Franchy Lutzardo y Fonte del Castillo, en el espléndido marco entre el Atlántico y el camino real que bajaba de La Paz, próximo a El Infierno (El Penitente),o, como señala Viera y Clavijo: “… situado sobre la ribera del mar, que lo solía salpicar con sus olas algunas veces …”, en referencia al exconvento de Santo Domingo, en la calle de su mismo nombre; si bien la mayoría de organismos públicos, oficiales y privados, así como profesionales de la comunicación y la gente en general, designan a esta reliquia de nuestra arquitectura religiosa como Casa Rahn en lugar de exconvento de Santo Domingo como históricamente le corresponde.

El gremio de mareantes, ante la crítica situación económica por la que atravesaban los frailes después del incendio y su trasladado a una casa de las monjas catalinas de la plaza de la Iglesia con el encargo de reedificar el convento e iglesia a base de la caridad de la feligresía y si era preciso vender una casa que poseían en el convento. Los pescadores y marineros, que al parecer no participaron en la primitiva construcción por discrepar del lugar elegido para la fábrica de la ermita, sin embargo colaboraron con materiales y mano de obra para reconstruir el cenobio. Lo cierto es que, precisamente, en 1780, año en que los dominicos reanudan la vida conventual, los marineros, animosos que estaban por contar con un recinto religioso independiente, al comprobar que después de dos años seguían sin la efigie del santo benefactor y la iglesia sin rematar, tomaron la firme decisión de levantar un nuevo recinto, esta vez fuera del alcance de la furia del mar, sobre las peñas del fondeadero de la Caleta del Rey, donde sigue ubicada actualmente.

Vista de_San_TelmoAsí que desaparecida la venerada imagen de pobre bagaje, pues, como relata A. Ruiz Álvarez “ sólo tenía como suyo propio el hábito, que le había dado de limosna el fraile Bartolomé de la Madre de Dios, la capa y una vela de madera pintada”, los mareantes, fieles a su devoción y queriendo continuar con la tradición del culto y fiesta anual al santo, en 1780, con la contribución que tenían por costumbre aportar al gremio de un 2.5 % del producto de su trabajo, fabricaron la nueva ermita, siempre al borde del mar y mirando al poniente, hacia La Ranilla, pero en la alta planicie donde se había asentado la entonces llamada plazuela de Mareantes y el castillo de San Telmo, que hoy, simboliza un bello vestigio del pasado heroico y fervoroso del Puerto de la Cruz.

El medio de expansión y arraigo de la devoción por san Telmo en Canarias, al decir del escritor Torres Quiroga, ha sido siempre el mismo a partir del siglo XIII, o sea, desde que el patrón de marineros y navegantes murió en Tuy (municipio de la geografía peninsular situado en la parte oriental de la comarca del Bajo Miño de Pontevedra) en 1246: a través de la palabra y el fervor de los marinos galleros, portugueses y andaluces llegados al Archipiélago.

Paseo de_San_Telmo_1890

Aquellos navegantes de la primera mitad del siglo XIII tuvieron la fortuna de conocer y escuchar al futuro santo en su ardientes tareas apostólicas por todas esas tierras y ensenadas de España, de gozar de sus gestos milagrosos bien a la orilla del río Miño, en los caminos de Guimarear o en las jornadas guerreras de Andalucía con el rey Fernando III el Santo. Les faltaría tiempo a los hombres de mar, predilectos en vida y en gloria de san Telmo, para difundir en sucesión de singladuras y de puertos la verdad divina, tantas veces hecha realidad en las palabras y las obras prodigiosas del santo. Así es como fue extendiéndose, de boca en boca y de puerto en puerto, aquella fiel devoción marinera del Renacimiento, nacida en la presente taumatúrgica de San Pedro González Telmo.

Como la mayoría de las ermitas erigidas al filo de la ola y al socaire de un núcleo de marinos, tiene, como solía decir J. A. Padrón Albornoz, “olor a mar desnuda”. Esta del Puerto es de planta rectangular, portada de arco de cantería de medio punto y espadaña en la esquina de la fachada; y, sin duda, uno de los rincones más pintorescos y bellos de la ciudad.

Paseo de_San_TelmoEl historiador Ruiz Álvarez refiere que en 1783 el entonces mayordomo don  Jerónimo Luis Román donó junto a la Virgen del Buen Viaje, la de san Telmo, escultura de vestir, que mide 145 cm., y “muy rica en alhajas y ornamentos sagrados”; además del legado de fervientes de fincas urbanas y rústicas. Es obra anónima, y fue restaurada por el recordado imaginero orotavense Ezequiel de León Domínguez.

El acta-dice el investigador portuense-que hace referencia a la celebración y costo de su fiesta la levantó en la propia ermita el escribano don Gabriel del Álamo y Viera el día 13 de septiembre de 1773 en presencia del párroco don José Manuel Cabeza, del capitán de mar don Cristóbal de la Oliva y del también capitán don Manuel Rijo, el alférez don Pedro Ugarte y los veinte mareantes que componían su gremio. En dicho documento se hace constar que “por cuanto tienen como tales Mareantes y tuvieron sus ascendientes pacto y convenio para hacer la festividad  de dicho señor San Pedro Telmo en esta su ermita todos los años, y para este culto y manutención de dicha ermita contribuían con el uno y medio por ciento de todo lo que por razón de barcos y compañías ganan, y como muchos no podían sufrir su costo, habiendo hecho juicio de ver como hacen esta celebración a poca costa y que tenga permanencia en lo futuro que la celebración de dicha festividad de San Pedro Telmo se haga y costee con los demás gastos de ermita y culto de lo que se recaude del dicho uno y medio por ciento desde dicho día en adelante así como lo que costare la fiesta de Ntra. Sra. Del Buen Viaje, que nuevamente se halla colocada a costa de don Jerónimo Luis Román, vecino de este lugar, en el nicho y altar en que estaba la imagen antigua y que dicha festividad no puede exceder de trescientos setenta y dos reales y cinco cuartos que es lo que costó este mismo año”.

Así quedó pactada la celebración solemne para lo sucesivo de la fiesta patronal para el segundo domingo de Pascua de Pentecostés, que, por algún tiempo, se celebró conjuntamente con la imagen de la Virgen de Ntra. Sra. Del Buen Viaje.

San Telmo_desde_el_Penitente

En 1826-narra Álvarez Rixo en su Anales-cuando se celebraba la fiesta de san Pedro Telmo se volcó una lancha cargada de hombres y mujeres, ahogándose cuatro personas, por lo que para los venideros años se prohibió hacer embarques y paseos de mar en dicha festividad. Ese año aconteció el aluvión que en la noche del día 7 al 8 de noviembre arrasó el castillo de San Telmo y parte de la ermita. El triste balance en todo el Puerto de este trágico temporal fue de 32 personas desaparecidas, 30 casas destruidas y seis casas ruinosas. De las víctimas, 15 eran del naufragio de la fragata “Joven Gabriela”. Las fiestas desde ese año quedaron interrumpidas hasta 1863 en que la imagen se trajo a la parroquia de la Peña de Francia llevándola después a su ermita en procesión, sin que faltasen fuegos y música. Y la última información de nuestro cronista del XIX es de 1864 para decir que se celebró con mayor lucimiento que de costumbre.

A pesar de estas esporádicas celebraciones, la ermita no estuvo restaurada hasta 1880 en que se abrió nuevamente al culto, celebrándose la festividad hasta 1930. Sufrió otras interrupciones a lo largo de la década de 1930, entre otros motivos, por la guerra civil española. En 1948 se abrió una vez más la ermita y es cuando se vuelven a celebrar las fiestas durante el periodo 1955 – 1967, en una era en que el turismo masivo de sol y playa desplazó a muchos vecinos del barrio para dar cabida a las nuevas edificaciones. Luego la Comisión de Arte Episcopal y el secretario extranjero de los católicos de habla alemana de Bonn en 1968 reconstruyeron parte de la ermita. Y no será hasta 2003 en que un grupo entusiasta de “santelmistas” con la anuencia y colaboración del Ayuntamiento se reinicia la celebración de esta antigua tradición popular de carácter religioso y posterior recorrido procesional de san Telmo complementadas con actividades lúdicas, deportivas y culturales.

Imagen de_San_Telmo_reciente recortadaEn las fiestas que se recuerdan, la ermita y el paseo de San Telmo se engalanaban con arcos y banderas de colores, mientras las turroneras y otros feriantes enriquecían el ambiente festero. Por aquel paseo que bordea el mar, destacaban los establecimientos “Rancho Grande”, “Bar San Telmo” y “Miramar”. Pero después del  recorrido procesional y la eucaristía la gente para su diversión se sumía en las verbenas de las terrazas en medio de un marco natural constituido por la playita de callaos, los riscos y el mar.

Ante la celebración de la inminente 10º edición, es mi deseo que, pese a la crisis que vivimos, la fiesta en honor a san Telmo, se viva con optimismo, alegría, felicidad y devoción; y, por supuesto, que el barrio, a través de la continuidad generacional, mantenga viva la llama de la más antigua tradición popular de su acervo religioso y cultural.

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