La Iglesia de Nuestra Señora de la Peña de Francia

Artículo sobre los orígenes históricos de la Iglesia principal del Puerto de la Cruz.

El emplazamiento de la Iglesia

Por la importancia estratégica que tenía el Puerto de la Cruz como puerto de entrada y salida de mercancías, y probablemente como parte de una política destinada a incrementar y fomentar la construcción de viviendas, el Cabildo de la Isla comisionó en 1603 a Antonio Lutzardo de Franchy para que eligiese un terreno sobre el que edificar una iglesia y una plaza. El acuerdo tomado decía literalmente: “Otro si, se comete al Sr Antonio Lutzardo de Franchy señale sitio en el Puerto de la Orotava donde se haya de hacer una iglesia en el anchor y cumplidor de sitio que le pareciere y una plaza junto a ella y se envíe un tanto de este auto y señalamiento y se envíe a este Cabildo”. A pesar de que no existe constancia documental, de que se llevase a cabo la comisión del Cabildo, está fuera de toda duda que la elección y señalamiento del terreno se llevó a cabo, ocupando con toda seguridad parte del solar en que actualmente se sitúa la actual parroquia.

Sabemos con certeza que se construyó una primitiva y reducida ermita, pero carecemos de datos precisos acerca de sus dimensiones, formas, fecha de comienzo y de acabado, así como de quien costeó su construcción. Ni tan siquiera diversos autores que tuvieron ocasión de consultar el primer Libro de Fábrica de la parroquia, como fue el cronista portuense Álvarez Rixo, han dado noticias fidedignas acerca de la primera edificación. Algunos autores parecen dar por sentado que la construcción de la ermita fue casi inmediata al mandamiento del Cabildo, pero presento en esta crónica pruebas que estimo clarifican la situación, mostrando que la construcción de la primitiva ermita no se hizo inmediatamente después de la concesión y señalamiento del terreno.

Petición vecinal

En septiembre de 1604, es decir, casi un año después de la elección del terreno, se reunieron ante Nicolás de Cala, escribano público de La Orotava, siete vecinos del Puerto de la Cruz de la Orotava, seis de los cuales están identificados· por sus nombres y en algún caso por sus oficios. Los nombres de estos siete vecinos así como sus profesiones eran, Juan de Francia (comerciante), Manuel González (apodado El Viejo para diferenciarlo de su hijo que tenía el mismo nombre y apellido), Manuel González (el hijo citado), Asensio Fernández (de profesión tonelero), Sebastián Rodríguez el Viejo ( vendedor) y su hijo Sebastián Rodríguez (mareante, es decir, marinero). Me ha resultado imposible por hallarse roto el documento, leer el nombre de uno de los siete vecinos, pero la profesión de tonelero mencionada por alguno de ellos, da idea cabal de la importancia del Puerto de la Cruz como lugar privilegiado para la exportación de vinos, particularmente de la afamado malvasía.

El objetivo de la citada reunión fue el otorgar un poder notarial en nombre de los restantes vecinos del lugar del Puerto de la Cruz, a Domingo Carrillo, que por entonces era alguacil y guarda del muelle de la Caleta del Puerto de la Cruz de la Orotava, para que los representase y compareciese ante el Reverendísimo Señor Obispo de las Islas Canarias, su Provisor Visitador y ante quien conviniese, para que solicitase en nombre de los vecinos del Puerto “que en el dicho puerto se mande hacer y funde una ermita de la advocación que al dicho Domingo Carrillo pareciese, para que en ella se nos pueda decir misa cuando lo pidiésemos por cualquier suceso”.

Argumentaban en apoyo de su petición que “en el dicho Puerto estamos los vecinos mal, sin tener ermita ni iglesia en la que podamos oír misa cada vez que lo solicitemos”. Conviene recordar que por estas fechas ya existía una ermita cercana al núcleo vecinal del Puerto de la Cruz, pues la ermita de San Amaro se construyó desde finales del siglo XVI. Sin embargo, la comunicación con la citada ermita se debía hacer a través del Barranco de Martiánez, lo cual entrañaba un cierto riesgo, pues en caso de lluvias torrenciales el barranco corría con fuerza, impidiendo el paso de los vecinos.

Es cierto que ya funcionaba la Iglesia de La Concepción en La Orotava, pero el traslado a finales del siglo XVI desde el Puerto de la Cruz hasta el lugar de La Orotava no era sencillo y rápido, pues los caminos reales eran escasos y poco cómodos para el transporte de viajeros.

Retomando el hilo de la petición vecinal antes señalada, firmaron el documento en nombre de los restantes que no sabían firmar, Juan de Francia y Asensio Fernández, y José de Llarena Cabrera, comerciante adinerado vecino de La Orotava que poseía intereses comerciales en el Puerto. Actuó como testigo un comerciante flamenco llamado Yans, estante en nuestro pueblo, es decir, no era vecino sino que pasaba temporadas más o menos largas por motivos comerciales en el Puerto de la Cruz.

A pesar de que el estado de deterioro del documento no permite su total lectura, es muy importante y esclarecedor, porque de él se puede concluir que la construcción de la primitiva ermita no empezó inmediatamente después del señalamiento del terreno, y que probablemente sólo comenzase después entre 1604 y 1605, dado que la fecha del escrito es de tres de septiembre de 1603.

Ignoro si la entrevista de Domingo Carrillo con el Señor Obispo de la Diócesis de Canarias llegó a realizarse, pues no he encontrado ningún documento que lo acredite en el Archivo Diocesano de Canarias con sede en Las Palmas, donde a la sazón se encontraba el único Obispado de las Islas Canarias.

Un aspecto muy interesante es el relativo a la advocación de la primitiva ermita, pues del documento se desprende que los vecinos no tenían una idea clara de cuál debía ser, hasta el punto de dejar la decisión en manos de Domingo Carrillo, un mulato hijo del Beneficiado de la Parroquia de la Concepción de la Orotava y una esclava negra suya, que estaba casado y residía en La Orotava, pero que luego se trasladó al Puerto de la Cruz, donde como ya comenté ejercía de alguacil y guarda del muelle.

La Iglesia de la Cruz

Una vez realizado en 1603 el señalamiento del terreno por el regidor Antonio Lutzardo de Franquis, probablemente la construcción de la primitiva ermita se llevó a cabo entre 1605 y 1606pero hasta el presente no se conoce ningún documento que pruebe de manera inequívoca tal afirmación, pues tal como comenté anteriormente a finales de 1603 no había empezado todavía su construcción.

Álvarez Rixo, en su obra ‘Descripción histórica del Puerto de la Cruz de la Orotava’ comenta a este respecto lo siguiente: “Aunque desde el año 1603 el Cabildo de la isla, a solicitud del regidor Antonio Lutzardo de Franquis, mandó hacer una parroquia, y efectivamente parece que este caballero la fabricó a manera de ermita dedicándola a Nuestra Señora de la Peña de Francia…”. Vemos pues que el cronista portuense atribuye al citado regidor orotavense la construcción de la primitiva ermita, aunque lo hace de manera tentativa usando la expresión parece que este caballero la fabricó”, pero existen pruebas, a mi entender muy claras que demuestran que la iglesia no se construyó inmediatamente, sino que el acto a que se alude es al señalamiento del terreno para la construcción de la parroquia, que si fue hecho por el regidor citado cumpliendo el mandato del cabildo de la isla.

Hasta este momento, según yo conozco, se ignora con exactitud la fecha de comienzo de construcción de la primitiva iglesia, pues carecemos de un documento fidedigno que lo acredite y además, por la incuria y descuido de los antiguos curas y párrocos de nuestra parroquia, se ha perdido el Libro de Fábrica, es decir, el libro en el que los sucesivos mayordomos de la iglesia iban anotando todo lo que iba ocurriendo relacionado con ella, tanto en lo relativo a la construcción, como los gastos, donativos, etc., en que incurría la citada iglesia.

Sin embargo, he encontrado en 1606 una escritura notarial no relacionada con la parroquia, de la que puede deducirse, es cierto que un poco especulativamente, la presencia de la primera ermita, precursora de nuestra actual parroquia, que entiendo ya estaba construida en ese año y lo que es muy interesante, la posibilidad de que esta primitiva ermita estuviera bajo otra advocación diferente a la que siempre hemos conocido para la parroquia portuense.

Se trata de una escritura de compraventa realizada en 1606 entre Juan de Tejera, que por entonces era el almojarife de la Real Aduana del Puerto de la Cruz de la Orotava y BIas González, realizada ante el escribano de La Orotava Nicolás de Cala, en la que primero le cedió al segundo “una casa baja, cubierta de teja, con las paredes de piedra y barro, y la madera de aceviño, con un colgadizo de paja que tenía junto a la casa”. Según la escritura citada, el conjunto estaba en el Puerto de la Caleta de la Cruz, y en los lindes del terreno se señala “todo linda por una parte, hacia la mar, con casas de Juan Texera, por delante la Calle Real que dicen de La Cruz, por la parte de arriba, calle que va a salir al Charco de los Camarones y Camino Real que va del Realejo al Puerto, y por detrás con solares de BIas González”.

Le dio además un sitio y solar que lindaba “con sitio y solar de Bartolomé Díaz Esperiel, por otra parte con sitio y solar de Juan Tejera y con el Camino Real que va del Realejo al Puerto y por “la parte de arriba y hacia la Iglesia de la Cruz, con sitio y solar de Juan Texera”.

Vemos que en la escritura anteriormente citada, se menciona claramente la existencia de una iglesia que denominan “Iglesia de la Cruz” y creo factible que pudiera referirse a la primitiva ermita, precursora de la actual parroquia, aunque no es posible descartar completamente que se refieran a la ermita que había construido Juan de Texera y que posteriormente cedió a los franciscanos para establecer en ella el Convento de San Francisco.

Sin embargo, me parece que existen pruebas, a mi entender, inequívocas, de que esta última ermita ya estaba construida por esta fecha, pues, en una escritura de compraventa fechada en noviembre de 1607, se cita como uno de los lindes “la ermita que construyó Juan de Texera”.  Me parece poco lógico que si en la primera escritura anteriormente citada, Juan de Tejera hacía mención de la ermita que había construido a su costa, no aludiera a este hecho como casi siempre se hacía para dejar constancia de su religiosidad, por lo que opino que la referencia anterior alude muy probablemente a la primitiva ermita, precursora de la actual parroquia.

Aunque la mención a la Calle de la Cruz y de la Iglesia de la Cruz, hecha en la escritura anteriormente descrita, no constituyen una prueba definitiva, permite especular con ciertos argumentos acerca de la posibilidad de que la primitiva ermita estuviese dedicada a la advocación de La Cruz, y que sólo posteriormente cambiara esta advocación a la de Nuestra Señora de la Peña de Francia, que ha llegado hasta nuestros días. Este hecho tampoco es muy sorprendente pues es bien conocido el hecho de que en primeros momentos La Cruz constituyó una importante referencia para los primeros habitantes del Puerto, y que aún continúa siéndolo, pues no en vano fue la primera patrona de nuestra actual ciudad, honor que actualmente comparte con el Gran Poder de Dios y Nuestra Señora del Carmen.

La reconstrucción de la Iglesia

Conocemos que una vez erigida, la primitiva ermita pronto se quedó corta para las necesidades religiosas de los vecinos del Puerto de la Cruz de la Orotava, que desde la últimas décadas del siglo XVI y las primeras del XVII, tuvo un proceso de acelerado crecimiento de población, por lo que rápidamente comenzaron a pensar en construir una nueva iglesia, provista de más holgura y capaz de albergar en su interior al mayor número de vecinos que se habían radicado en el Puerto de la Cruz.

Para dotarla de un espacio mayor, los vecinos se dirigieron al Cabildo de la Isla solicitando un solar adecuado para la reconstrucción, y a tal fin la Justicia y el Regimiento de la isla les otorgó por escritura ante el escribano Bartolomé de Cabrejas, un solar de cuatrocientos pies en cuadro, es decir, el solar encerrado en un cuadrado de 400 pies de lado. Este solar estaba destinado en primer lugar, para la reedificación de la iglesia y una plaza aledaña, y si después de todo ello sobraba espacio, se señalaba que debía dárseles a los vecinos para construir casas, pagando senso y tributo perpetuos, como ‘limosna para elaceite de la lámpara, que debía arder permanentemente en la iglesia”.

Autoretrato de José Agustín Álvarez Rixo
Autoretrato de José Agustín Álvarez Rixo

De esta circunstancia se hace eco el cronista portuense A. Rixo en su obra ya citada “Descripción Histórica del Puerto de la Cruz de la Orotava”, coincidiendo en las dimensiones del solar concedido por el Cabildo de la isla. Llegado a este punto me parece oportuno incluir como un homenaje al cronista portuense un autorretrato suyo, pues una parte sustancial de los datos que voy a utilizar están tomados de la anteriormente citada obra, en la que aparece este autorretrato. En este autorretrato, he suprimido el pie de foto que el mismo cronista escribió y que a continuación transcribo: “José Ag. Álvarez Rixo, Alcalde Real en 1878 e interino en 1849 y Constitucional en 1850, 1851, 1852 1853”. El autor añade a continuación: “Este boceto no se acabó por falta de vista del autor, pero sus ojos son de color entre azul y pardo”.

Volviendo al solar asignado por el Cabildo de la isla para la construcción de la iglesia, me parece oportuno trasladar las dimensiones, dadas anteriormente en pies, al sistema métrico que utilizamos actualmente y teniendo en cuanta que un pie castellano medía aproximadamente a 0,2786 metros, un sencillo cálculo nos permite ver que el solar en cuestión era bastante grande, pues tenía una superficie aproximada de 12.418 metros cuadrados. Este hecho encaja con la expresión de que, si sobraba se repartiese a los vecinos para que construyesen casas, previo pago de un tributo perpetuo a la parroquia propietaria del citado terreno. Este tributo perpetuo a la iglesia fue muy común en los siglos XVI, XVII y XVIII, y permitió en parte a las iglesias disponer de unos escasos medios para atender a las necesidades perentorias de las edificaciones religiosas.

Se ha repetido muchas veces, que el primer mayordomo de la iglesia fue el portugués Antonio Álvarez, pero tal noticia no parece cierta, pues en 1620 Pedro Hernández Navarro era mayordomo de la iglesia, que ya estaba bajo la advocación de Nuestra Señora de la Peña de Francia. Éste último dio, en noviembre de 1620, a tributo y décima, un solar de 80 pies de frente y 60 pies de casa a corral, al portugués Manuel Home, vecino de La Orotava con la condición de construir una casa en el plazo de un año, y pagar a la iglesia perpetuamente dos reales de tributo. La escritura fue hecha ante el escribano de La Orotava Juan González Franquis y en ella Pedro Hernández Navarro, se menciona a sí mismo como “mayordomo que soy de la iglesia parroquial que nuevamente se hace en el Puerto de este lugar, con la advocación de Nuestra Señora de la Peña de Francia”.

No deja de ser interesante el comentario anterior, pues pone de relieve que los mayordomos de la iglesia parroquial fueron utilizando parte del solar que les cedió el Cabildo de la Isla, para donárselos a los vecinos, que a cambio debían abonar un tributo perpetuo a la iglesia.

La construcción de la nueva iglesia se dilató bastante y de los datos de que se dispone resulta claro que en 1628 aún no estaba acabada. Según A. Rixo, en septiembre de 1630 ya estaban construidas las paredes de este templo, que según su estimación debía tener “un área de cosa de 34 varas de larga y 8 de ancha, puesto que se techó con 11.290 tejas, sin incluir la capilla mayor, que se construyó mucho después”, es decir, la nueva iglesia medía aproximadamente 28,42 metros de largo por 6,68 metros de ancho, lo que da una superficie de 189,84 metros cuadrados.

De acuerdo con la descripción de Álvarez Rixo, esta primitiva iglesia tenía tres puertas, una principal en su fachada y dos laterales, lo que en comparación con la actual vemos que difieren en que la iglesia tiene dos puertas laterales y dos en su fachada principal. El mismo autor nos da cuales fueron sus primeros ornamentos y utensilios, datos de indispensable valor, pues como ya comenté anteriormente, por la falta de cuidado de los sucesivos párrocos, se ha perdido el Libro de Fábrica de la iglesia, en el que se apuntaban todas las cosas importantes relativas a la parroquia, pero estos datos no los incluyo en esta crónica, aunque los comentaré con detalle en una crónica posterior.

Álvarez Rixo, que pudo consultar el extraviado Libro de Fábrica de nuestra parroquia, nos proporciona abundantes noticias sobre el coste de la primitiva parroquia, hasta según su expresión el coste total  de todo lo necesario hasta llegar a la situación de “poder celebrar en ella culto divino”, ascendió a la suma de 100.692 reales antiguos, que hacen 10.550 pesos corrientes, 4 reales de plata y 12 ½ cuartos y en el descargo del citado libro se hallaba la lista y el nombre de las muchas limosnas que dieron los fieles para ello.

Lamentablemente, no he podido encontrar ninguna imagen de la ermita primitiva, ni tampoco de la primera iglesia construida, pues ni en las publicaciones del cronista portuense ni las fuentes consultadas al respecto proporcionan la imagen deseada.

La reforma de la Parroquia

A los pocos años de terminada la construcción de la nueva iglesia que sustituyó a la primitiva ermita, dado el rápido crecimiento de la población del Puerto de la Cruz, ya el vecindario advirtió la necesidad de construir una nueva y definitiva parroquia. Por ello, en marzo de 1661, Bartolomé de León y quince firmantes más, en representación del resto de los vecinos, se opusieron a las pretensiones de Juan de Aduna, quien pretendía tomar una porción de terreno, situado en el solar que hoy ocupa la Plaza de la Iglesia, para construir una casa.

Bartolomé Avendaño, alcalde de ausencias, y el cura de la parroquia Adolfo Pérez, junto con casi treinta vecinos más, dirigieron en agosto de 1661, un escrito al licenciado D. Diego Calderín y Guzmán, teniente de alcalde de La Orotava, en el que resaltaban “que por cuanto la Iglesia de Nuestra Señora de la Peña de Francia de este lugar es pequeña y está corta de plaza, y se quiere fabricar en ella y alargarla todo lo necesario porque en los oficios y festividades que en ella se celebran no caben la tercera parte de los vecinos. Al presente Juan de Aduna y otros convecinos quieren fabricar, con lo que impiden parte de la dicha plaza y sitio para la dicha iglesia… “. Con su protesta los vecinos lograron paralizar los intentos de acortar el espacio dedicado a la plaza, preservando así el solar que en tomo a 1620 le había donado la Justicia y el Regimiento al pueblo para la plaza y la edificación de una nueva iglesia que supliese a la primitiva ermita.

La construcción de la nueva y definitiva iglesia comenzó en torno a 1684 y en su construcción se tardó un número considerable de años. La tradición adjudica un papel importante en el avance de la construcción al Beneficiado Matheo de Sosa, quien fue el primero con este título, pues en épocas anteriores la iglesia del Puerto fue solo curato.

Según José Agustín Álvarez Rixo la fabricación de la iglesia comenzó con sólo treinta pesos, y por la carencia de medios se procedió al establecimiento de un impuesto sobre la piedra de cal, que se traía de las islas orientales para la construcción de nuevas casas. Este canon se destinó durante muchos años a ayudar al levantamiento de la nueva iglesia, en la que según es tradición el propio Beneficiado Matheo Sosa “ayudó con su trabajo personal, cargando a sus espaldas grandes piedras”. El cronista portuense habla muy elogiosamente del Beneficiado Mateo de Sosa y así comenta: ”Nuestra bonita iglesia actual se debe al celo del mismo Sosa, su primer beneficiado propietario, cuyo retrato se conserva en la sacristía, y cuya memoria debe servir de grato ejemplar para los naturales de este Puerto. El venerable don Mateo de Sosa parece que fue natural de Tegueste. Cuéntase de este sujeto que emprendió la obra con sólo treinta pesos de fondo; que él mismo, que era hombre de fuerzas, subía a sus hombre los cantos más pesados que los peones no podían cargar; y que fue tanto el celo de sus vecinos, que competían a cuál había de pagar el sábado el trabajo de la semana: de manera que el párroco les contentó mandándoles la cuenta del gasto semanal a cada uno por turno”, aunque a renglón seguido afirma que no es noticia escrita sino la tradición que perduró.

Mateo de Sosa primer Beneficiado de la parroquia
Mateo de Sosa primer Beneficiado de la parroquia

Para perpetuar la memoria del primer Beneficiado de nuestra parroquia, a quien según la tradición se debe en gran medida la construcción de la nueva iglesia, tanto en lo personal como en la concienciación de los por entonces habitantes de nuestro pueblo, y como recuerdo para las generaciones venideras se mandó pintar un retrato al óleo, en el que el clérigo aparece ante una mesa con la mano depositada sobre un volumen de los Evangelios, a la manera como se hacen las promesas.

Resulta interesante además observar que en la parte superior derecha del cuadro anterior se halla, en un recuadro, la fachada del nuevo templo, lo que interpreto como un recordatorio para que las generaciones futuras conociesen que gracias a su empeño personal se pudo sacar adelante la fábrica de esta nueva iglesia, que se concluyó.

 

Detalle del cuadro donde se aprecia la fachada de la parroquia
Detalle del cuadro donde se aprecia la fachada de la parroquia

Me ha parecido oportuno mostrar un detalle de la parte superior derecha del cuadro para ver la imagen de la fachada de la parroquia, que como eterno recuerdo a la labor del Beneficiado Mateo de Sosa, incluyó el pintor en su retrato junto el primer beneficiado de nuestra parroquia. Aunque la imagen no es muy nítida, debido al gran aumento que le he dado, sin embargo creo que no hay ninguna duda en que se trata de la imagen de la fachada de la iglesia parroquial.

 

Los vecinos impusieron además un derecho sobre la piedra de cal que se importaba, dedicando el importe de lo que se recaudaba para la construcción de la parroquia, y una vez terminada la construcción de ésta se aplicó para los fondos de agua. Tenemos testimonios escritos que avalan la larga duración de las obras y así, el alférez Juan González Llanos, en su testamento fechado el 20 de septiembre de 1690 solicitó “es mi voluntad que si yo falleciere antes de que se acabe el templo que se está haciendo de Iglesia Parroquial de este lugar… “. Otro testimonio nos lo ha proporcionado el escribano público del Puerto de la Cruz Bartolomé Hernández Romero, pues en su testamento realizado el 12 de enero de 1691 ante el escribano Miguel de Melo Herrera, pidió ser enterrado en la iglesia parroquial que se estaba haciendo, a la que había prometido 100 reales para la edificación, señalando que ya había dado la mayor parte de esta cantidad al Licenciado Marcos Méndez de León, Beneficiado de la iglesia de La Concepción en La Orotava, puesto que la iglesia de Nuestra de la Peña de Francia del Puerto de la Cruz, por entonces dependía de la parroquia orotavense. Pidió que se le diese esta cantidad al Beneficiado Matheo de Sosa, indicando además “que cuando se colocase el Santísimo en la iglesia que se estaba haciendo, trasladasen allí sus restos y los de su esposa Lucana de Vera”.

Fachada de la Iglesia Parroquial - Fotografía A de Monthoret de finales del siglo XIX
Fachada de la Iglesia Parroquial – Fotografía A de Monthoret de finales del siglo XIX

En septiembre de 1692, María López señaló también en su testamento, que deseaba ser sepultada en la iglesia “que de nuevo se está edificando”. Según Álvarez Rixo la iglesia fue concluida el 15 de agosto de 1697 y este “templo consta de tres naves y dos capillas formando crus. Su arquitectura de orden gótico reformado, elegante, con techo proporcionado y despejado. El basamento y hasta la tercera parte de la altura de las columnas son ochavadas; lo demás redondo con capiteles dóricos, y las del crucero, todas ochavadas de arriba abajo. Mide cosa de treinta y dos pies de largo la nave mayor y de ancho, todas tres de puerta a puerta traviesa casi ochenta y cuatro pies”.

La nueva parroquia era de tres naves, aunque a finales del siglo XVII, carecía de tribunas de coro, balconcillos a la calle y otros adornos, los cuales se hicieron posteriormente. El templo, construido a finales del siglo XVII con la aportación de los vecinos, no ha sufrido desde entonces modificaciones apreciables en su interior, salvo en lo referente a su pavimento y los altares. En lo tocante a sus dimensiones, número de naves, etc., ha permanecido inamovible desde entonces, pero no ocurrió lo mismo con su fachada principal, que se encuentra vuelta hacia la Plaza de la Iglesia.

A continuación, añado un fragmento de un grabado de J. J. Williams, que se encuentra en la obra de P. B. Webb y S. Berthelot, Historia Natural de las Islas Canarias (dos tomos), Ed. Chez Bethume, París, 1839, en el que puede verse la fachada muy claramente la antigua fachada de nuestra parroquia.

Detalle de un dibujo de J. J. Williams con la fachada de la parroquia
Detalle de un dibujo de J. J. Williams con la fachada de la parroquia

A fin de obtener más detalles, he recortado la foto original, eliminando la zona de la Plaza de la Iglesia, para así centrar mejor la imagen de la iglesia parroquial. Asimismo, he hecho una idéntica operación con la excelente versión coloreada que de la fotografía anterior ha realizado Rafael Afonso Carrillo, a quien agradezco su amabilidad por dejarme utilizar su trabajo.

Detalle de la versión coloreada de la foto anterior realizada por R Afonso Carrillo
Detalle de la versión coloreada de la foto anterior realizada por R Afonso Carrillo

En las imágenes anteriores se puede apreciar claramente que en la parte sur de la fachada, y en la zona la más próxima a la calle de La Hoya, existía un reloj situado prácticamente sobre el balconcillo de la derecha.

La imagen siguiente muestra un dibujo realizado por A. Rixo, en el que puede apreciarse asimismo la fachada externa de la parroquia portuense. y el reloj citado.

Fachada de la Parroquia según dibujo realizado por Álvarez Rixo
Fachada de la Parroquia según dibujo realizado por Álvarez Rixo

Como vemos en las imágenes anteriores, la antigua iglesia tenía dos puertas en su fachada principal hacia el poniente (oeste) y tal como se aprecia en las imágenes, la parroquia tenía desde comienzos del siglo XVII, dos balconcillos de madera en su fachada que permanecieron hasta finales del siglo XIX, en que se acometió la reforma del frontis de la parroquia, obras que cambiaron radicalmente el aspecto externo de la iglesia de Nuestra Señora de la Peña de Francia. Estos balconcillos que miraban hacia la plaza no estaban en la primera imagen del exterior de la parroquia tomada del retrato del Beneficiado Mateo de Sosa y fueron construidos y costeados en 1724 por Bernardo Valois, tal como se deduce de las cuentas de la fábrica elaboradas durante la visita del Licenciado Martín Bucaille. A Rixo en sus Anales al comentar lo sucedido el año 1724 nos dice al respecto: “El 22 de octubre fue visitada la iglesia parroquial por el Licenciado Martín Bucaille. De las cuentas de su fábrica aparece que en el corriente año de 1724, se construyeron los dos balconcillos de su frente que miran a la plaza costeados por don Bernardo Valois, como también fueron hechas las tribunas del coro pero no la sillería. Los primeros corresponden al dibujo formado cuando se planeó dicho templo, según puede verse en su sacristía por el retrato al óleo de su digno edificador y primer Beneficiado don Mateo de Soussa, en cuya pintura para recordación de su afán está también así el diseño”.

Las cuatro puertas nuevas exteriores del templo son de tea y las donó Domingo Nieves en 1822, y según el parecer de A. Rixo son más elegantes que las antiguas que eran llanas y su coste fue de alrededor de 100 pesos cada una. En la imagen siguiente muestro la foto de Domingo Nieves Ravelo, tomada de las que figuran en el salón de plenos del ayuntamiento portuense, pues fue alcalde de nuestro municipio en cinco ocasiones diferentes, a saber 1803, 1811, 1812, 1815 y 1819, junto con un dibujo de perfil del mismo personaje realizado por Álvarez Rixo.

Domingo de las Nieves Ravelo
Domingo de las Nieves Ravelo

El mismo autor A. Rixo añade que el irlandés Diego Barry, que vivía en la calle de Quintana, muy cerca de la parroquia, costeó la cancela que está a la entrada de la nave del Evangelio.

La antigua iglesia tenía entre las dos puertas principales orientadas al poniente, una reja con vidriera construida para dar luz al coro y más alto una claraboya gótica para comunicarle luz a la tribuna del coro. En cada una de las esquinas del frontispicio de la antigua iglesia tenía dos pequeñas torres provistas de campanas que evidentemente se utilizaban para comunicarse con los fieles en las ocasiones que se requerían. En el fragmento del dibujo de J.J. Williams así como en el de A. Rixo, se aprecian en la parte alta la claraboya gótica, así como  debajo y al centro, la reja con vidriera. En los laterales se ven las torres provistas de campanas, próximos a ellas, los dos balconcillos y finalmente a la derecha el reloj.

Detalle de la fachada con las torres los balconcillos la claraboya la reja y el reloj
Detalle de la fachada con las torres los balconcillos la claraboya la reja y el reloj

En las espadañas citadas se hallaban colocadas cuatro campanas, con pesos de 52, 68, 130 y 205 kilogramos, dos en cada costado, siendo la más antigua de 1671, aunque no puedo precisar a cuál de ellas se refiere la fecha citada. En la fotografía siguiente se ve lateralmente el frontis de la antigua parroquia, una día de la Festividad de la Cruz, pues se ve la Cruz saliendo de una de las puertas principales, concretamente de las situada más cercana a la calle de La Hoya.

La Cruz Patrona de nuestra ciudad, saliendo de la antigua parroquia
La Cruz Patrona de nuestra ciudad, saliendo de la antigua parroquia

Además de la puertas principales orientadas a poniente y que comunicaban con la Plaza de la Iglesia, existían otras dos una vuelta hacia al norte, que salía directamente a la calle de Quintana y otra situada hacia el norte, que comunica con la calle de La Hoya, que tenía tres escalones para descender hasta el interior de la parroquia, pues la calle citada estaba a un nivel más elevado que el suelo de la parroquia. Muestro a continuación las imágenes actuales de las cuatro puertas externas de nuestra parroquia que siguen siendo las donadas por el citado alcalde Domingo Nieves Ravelo, que al igual que otros muchos portuenses contribuyó de manera importante a la dotación de nuestra iglesia.

 

Puerta norte de la parroquia vuelta hacia la calle Quintana
Puerta norte hacia la calle Quintana

Puerta sur
Puerta sur hacia calle La Hoya

Puerta frontal cerca de la calle Quintana
Puerta frontal cercana a la calle Quintana

Puerta frontal
Puerta frontal cercana a la calle La Hoya

Álvarez  Rixo en su ya citada obra Descripción Histórica del Puerto de la Cruz, menciona que antiguamente, a la entrada de la nave del norte, había un cuadro grande, que popularmente era conocido como de los malcasados, por su contenido alegórico, que venía a ser un hombre y una mujer, enyugados por los cuellos. Del medio del yugo pendía cierto peso en el que estaba escrito lo siguiente:

Este peso que sustenta
gustosa conformidad,
es porque Dios está en él,
que estando Dios todo está.

El segundo grupo del cuadro, figuraba otro par con semblantes arrebatados y desgreñados, queriendo salirse del yugo, y un diablo detrás de la mujer soplándola a los oídos con un fuelle, acompañado de estos otros versos:

Si es que te ha hecho ruido
al ver al diablo pintado,
si tienes entendimiento,
procura luego enmendarlo.
Tabaco, vino y mujeres
corrompen la juventud:
pero usándolo con regla
es para el hombre salud.

El cronista portuense afirmaba que este cuadro tenía notable éxito entre los barqueros canarios, quienes siempre que venían de la costa lo iban a ver en cuadrillas. Lo quitó Bernardo Cólogan Valois, a fines del siglo XVII, y añada, el cronista portuense“como éste era sujeto de instrucción y excelentes costumbres, algo notaría en él que le pareció que debía quitarse. Hace muchos años que se ignora su paradero”.  

Postal de la Peña de Francia y la plaza parroquial
Postal de la Peña de Francia y la plaza parroquial

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