Las alfombras y el mendicante de la villa

En junio de 2019 se conoció en La Orotava, una de las alfombras volcánicas más llamativas de su siglo de historia por el contenido de la misma, en la que sobresalió un joven mendicante, refugiado del mundo, que pedía con el arte de las arenas de los artistas orotavenses, dirigidos por el profesor Domingo González, una limosna al público que le observaba para superar el drama humanitario que viven los migrantes en el planeta Tierra. Era una alfombra del tipo que definió la escritora cubana y Premio Cervantes 1992, Dulce María Loynaz como <<mineral>>, cuando editó su novela de viajes a Canarias titulada Un Verano en Tenerife. En el capítulo IX, denominado “Las Alfombras de Flores”, dedicó varias páginas a los cien años de historia de las alfombras de flores de la Villa tinerfeña. En particular a la visita que hiciera a los jardines de la casa de la familia Monteverde tanto a la señorita Monteverde y Betancourt como a la Monteverde del Castillo, como bien lo recuerda también el ingeniero Carlos Tabares Ponte al comentar la historia de las Alfombras de La Orotava y su relación con Italia y Las Palmas de Gran Canaria. La lectura del capítulo es de obligado cumplimiento para cuantos deben conocer la emoción que se vive el jueves de la infraoctava del Corpus en la Villa. Podrán entender entonces el porqué de muchas tradiciones villeras desde 1847 con las flores en las calles del casco histórico y desde 1919 en la plaza del ayuntamiento con las arenas volcánicas del Teide, con Don Felipe Machado de director. Un actividad considerada como tradicional en el desarrollo de la Ley de Reclasificación del Parque Nacional del Teide en 1981 que le permite bajar los minerales al corazón de la Villa orotavense.

Del siglo de historia de las alfombras <<minerales>> en la plaza del Ayuntamiento, me vienen los nombres, desde 1919 a la actualidad, de los directores artísticos de las mismas: Felipe Machado y Benítez de Lugo, Manuel Fernández Padrón, Norberto Perera, famoso por ilustrar la planta eléctrica de La Abejera en 1934, Tomás Machado, Jesús Martín Raya, Pedro Hernández Méndez, José González, Ezequiel de León y Domingo González. Cuando escuché a Pedro Hernández Murillo pregonando las Fiestas Patronales del Corpus y San Isidro el pasado martes 25 de junio, en el salón noble del ayuntamiento orotavense, me vinieron recuerdos emotivos de las alfombras, al evocar a pregoneros diversos como Cecilia Domínguez, Juan Bosco, Sebastián Hernández, Nicolás G. Lemus, Juan del Castillo, entre otros, y al considerar la proyección exterior de las alfombras orotavenses, tanto de flores como de tierras. En alguna de ellas tuve la suerte de coparticipar, como sucedió en Madrid, Puentearéas y en Bruselas. Sobre todo en la capital belga cuando además de la alfombra que se hizo en la Casa Regional de Galicia llevamos la música canaria de la Coral y el Grupo Folklórico “Rómulo Betancourt” a la catedral bruselense. Por otra parte no puedo dejar de citar a José Luis Sánchez Parodi ni a Juan Pérez, ni al colectivo de alfombristas, ni las anécdotas vividas hace ya algunas décadas, con la recolección de ramas y flores para las alfombras, cuando un concejal de fiestas de la etapa predemocrática, me despierta a las 4 de la mañana para resolverle el problema con las flores de las retamas y de los codesos del Parque Nacional del Teide.

Lo más importante de estas fiestas y de esta alfombra volcánica es que el Artearena de La Orotava ha despertado las conciencias de la sociedad canaria dando a conocer la figura del mendicante de la Villa, un joven migrante.

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