Los orígenes del baño de las cabras

 

Se trata de una de las tradiciones sanjuaneras más interesantes y curiosas. Ha pervivido hasta la actualidad en el Puerto de la Cruz aunque también se recuerda en otros enclaves del norte de Tenerife. El baño de las cabras en el mar aparece recogido en el libro titulado “La fiesta de San Juan en el Puerto de la Cruz”, publicado en 1987 y editado de nuevo el año 2002.

Tenía lugar antes de salir el sol, momento también elegido para desarrollar otras prácticas: baño de las personas en el mar, salpicar las casas y todas sus dependencias con el agua “bendita” recogida al atardecer del día de la víspera, curar la hernia a los niños en la mimbrera o en el drago…

Hasta el bañadero ubicado en el viejo muelle pesquero del Puerto de la Cruz se dirigían los cabreros de la localidad, miembros de la raza o gran familia de “los Abejones” y otros oriundos de diversas localidades del Valle de la Orotava, quienes descendían, incluso desde la parte alta a través de alguno de los caminos verticales que lo recorren: el de Chasna, el de la Cruz Santa…

Al terminar de bañarlas y mientras los animales se secaban, sus dueños hacían acto de presencia en algunos de los cafetines o bares próximos, al objeto de cambiar impresiones, tomar unas copas, aprovechándose la ocasión para entablar algún negocio (adquisición de reses, de algún perro…). Mientras los muchachos de la localidad acostumbraban a “fajarse” con los niños de los cabreros, situación que concluía al rato, cuando se les reclamaba para que fueran alcanzando las cabras al objeto de ordeñarlas, a fin de vender la leche, lo que acaecía en el muelle o por las calles próximas.

El baño de las cabras en el mar cumplía también, ese otro cometido: aproximar, relacionara la gente de la mar con la gente del campo, mundos mucho menos distantes que en la actualidad. Ahora bien, la razón principal del ritual del baño de las cabras era otro.

 

EL MOTIVO DEL BAÑO DE LAS CABRAS EN EL MAR

Por tradición heredada de sus padres. Esa fue la respuesta que nos proporcionaron algunos de los viejos pastores del Valle de la Orotava a los que entrevistamos, entre ellos a Adrián Morales García, natural de Benijos.

Encontrándonos en 1974 en Teno Alto (Buenavista del Norte), le preguntamos a Don Modesto Martín Dorta, quien contaba con 92 años de edad, por la explicación del baño de las cabras del día de San Juan, y nos refirió lo siguiente: “para que se revolcasen y entrasen en celo” a fin de que quedaran preñadas, factor que en las comunidades pastoriles como ha sido Teno Alto supone poder seguir contando con nuevos animales de quienes dependerán en el futuro.

La víspera de san Juan, al anochecer, se prendían las hogueras y, en torno a ellas, se tocaban los bucios, instrumento musical que en Canarias se ha utilizado, entre otros muchos fines, para llamar la atención de alguien, en este caso de los promotores de la transmisión vital. Hogueras que se formaban en lugares altos, de amplia resonancia y visibilidad hasta el punto que la de Los carrizales, pueblito próximo a Teno Alto, se encendían toda vez que contemplaban de qué modo empezaban a arder las de la isla de La Gomera. Y al día siguiente, 24 de junio: “se soltaban” o “se ponían a padriar” a los machos al objeto de que las crías no nacieran a destiempo: “antes los soltábamos del 24 de San Juan parriba”; de esa manera, unos cinco meses más tarde, las cabras y sus recentales, después de las primeras lluvias, encontraban suficiente alimento y pastizal.


LA RECUPERACIÓN DEL BAÑO DE LAS CABRAS EN EL MAR

Hasta los años sesenta del siglo pasado el baño de las cabras resultó ser una continuada y entrañable tradición. Con posterioridad se fue difuminando. En 1984 algunos cabreros del Valle volvieron a bañar a sus reses. Al año siguiente, dos de ellos lo organizaron el baño de las cabras. Su recuperación, tal y como reflejan las fuentes periodísticas y la cartelería correspondió al Colectivo Cultural Valle Taoro, con quien colaboraba no siendo miembro del mismo, el poeta Jesús Eustaquio Dorta Díaz, popularmente conocido como Chucho Dorta o Benahuya. Los actos discurrían de la siguiente manera: el día 23 de junio por la noche, tenía lugar un festival de marcado sentido cultural (folklore musical, poesía, teatro, ventorrillos…) y al día siguiente, a media mañana, los pastores bañaban a sus cabras en el mar. El esfuerzo y el dinero lo conseguían y aportaban los propios promotores, limitándose el Ayuntamiento a cubrir la megafonía. Tal cosa se reprodujo durante varios años. Cuando el citado colectivo, por diversas razones, decidió dejar de organizarlo, fue entonces cuando Chucho Dorta lo llevó a cabo hasta que falleció.

Años después de la recuperación del baño de las cabras se recreaba, en 2001 el capítulo del enramado de los chorros públicos. En un primer plano, no en segundo, debe figurar apoyar, por parte de las instituciones (Ayuntamiento del Puerto de la Cruz…) lo eventos que dan contenido a nuestras raíces históricas. Es una suerte de la que debemos sentirnos muy agradecidos contemplar de qué manera expresiones como el baño de las cabras en el mar o la tradición de “matar la culebra”, hayan tenido su último palpitar en la cosmopolita y turística ciudad del Puerto de la Cruz desde donde para la dicha de todos, pudieron ser revitalizadas y dignificadas.

Manuel J. Lorenzo Perera

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