17 mayo, 2022

Pamarsa se encamina hacia su desaparición

PamarsaEn el pleno de este lunes se produjo el punto de inflexión efectivo para la desaparición de la que sin lugar a dudas ha sido la empresa pública municipal más importante de Puerto de la Cruz. Los ediles de la corporación apoyaron de forma unánime el inicio de un expediente para el cierre de la empresa en un plazo máximo de diez años de acuerdo con toda una serie de etapas y protocolos que empezarán a ponerse en práctica a comienzos de un 2013 que ya está a la vuelta de la esquina.

Lo que resulta evidente a todas luces es que esta empresa, que ha sido catalogada por muchos como el lugar perfecto para que políticos de diferente signo colocaran a sus seguidores y pagaran determinados favores, empezará a morir sin haber cumplido el objetivo inicial para la que fue creada: la realización del Parque Marítimo, y mucho menos el tan ansiado Puerto. Pamarsa surgió, como tantas otras empresas públicas a lo largo de la geografía española, como una manera de zafarse del corsé y las estrecheces que regulaban las funciones y los ámbitos de actuación del Ayuntamiento. Apareció en tiempos de expansión y crecimiento, en momentos donde los Ayuntamientos empezaban a asumir cada vez más competencias y empieza a morir en una etapa marcada por el signo contrario: crisis, escasez de recursos y reducción de competencias municipales.

Pamarsa inicia su desaparición porque sus números muestran claramente su inviabilidad, algo que viene de atrás pero que ahora, con los lineamientos establecidos por el Gobierno Central el Ayuntamiento se ve obligado a proceder a su liquidación progresiva como consecuencia del Plan de Ajuste y el Decreto 4/2012.

A partir de ahora la intención que se tiene desde el grupo de gobierno es poder ir encontrando paulatinamente, a lo largo de los próximos diez años, soluciones y salidas a una plantilla que actualmente asciende a 114 trabajadores y que en el pasado fue mucho mayor.

El inicio de la desaparición de Pamarsa es un ejercicio, aunque obligado, de poner los pies en el suelo y tomar conciencia de una realidad que ya no permite ningún dispendio. Ahora sólo queda por delante un lento desmantelamiento que sería deseable que dejara los menores «daños colaterales» posibles.

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