5 junio, 2020

Sobre la mendicidad en La Orotava a finales del siglo XIX

El análisis de la prensa durante el siglo decimonónico nos permite realizar un estudio de la realidad canaria desde diversos puntos de vista. Un ejemplo de ello lo advertimos en la labor desarrollada por el periódico El Valle de Orotava, disponible para su consulta en los amplios fondos hemerográficos de la Biblioteca Municipal de La Orotava. Con fecha 3 de junio de 1891, recoge la necesidad de actuar con medidas de ayuda y apoyo a personas que, sin ningún tipo de auxilio, esperaban en el exterior de las viviendas a recibir la limosna. La circunstancia es descrita de la siguiente forma: situados frente a las casas que acostumbraban darles limosna, permanecen allí a veces horas enteras, haciendo triste guardia a los señores que les envían el caritativo óbolo por conducto de sus criados. La sociedad “La Caridad” ya había denunciado esa realidad, con el fin de buscar una solución mediante la implicación de las autoridades locales. El artículo matiza que en las filas de personas en esa situación era evidente la presencia de individuos que acudían desde otros lugares, criticando, con especial atención, la llegada de portuenses. ¿Por qué era tan preocupante? La realidad era que ya se habían constatado varios brotes de viruela en el núcleo costero.

Una muestra de la necesidad de actuar contra esa enfermedad infecciosa grave y contagiosa lo obtenemos en el caso orotavense, que prohibió ese año de 1891 la realización de sus tradicionales alfombras de flores, con el fin de evitar aglomeraciones y contactos de forasteros que trajeran el germen de la enfermedad y lo dejasen al paso por las adornadas calles. La posibilidad de contagio era real y preocupante. A nadie se le escapaba que los mendigos acudían desde otros rincones y se unían a los existentes en el lugar, y, con ello, podían transmitir la viruela con mayor facilidad a sus compañeros con quienes están, por algunas horas, en continuo roce.

Era necesario, pues, buscar soluciones. En otros rincones de la isla, un agente se encargaba de recoger la limosna de las casas que, de forma voluntaria, entregaban algunos vecinos. Con la cantidad recolectada se procedía a su reparto entre los mendigos, evitando así una situación protagonizada por largas colas en las calles que no era favorable para nadie. También se solicita la necesidad de que la alcaldía procediera a examinar, caso a caso, la situación de las personas que solicitaban ayuda en las calles.

El texto publicado por El Valle de Orotava, en el contexto final del siglo XIX, aparece con una doble vertiente. Dar a conocer al lector la situación a resolver tras el diagnóstico expresado por la sociedad benéfica “La Caridad” y, al mismo tiempo, ofrecer una respuesta ante el tristísimo espectáculo que se contempla en esta localidad en ciertos días de cada semana, contrario a la verdadera y bien entendida filantropía, merecedor de gran censura y no elogiado por ninguna persona de buen juicio.

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